. "Palo Pandolfo vs. Francisco Bochatón. A trece rounds". Cual vieja contienda de box, fue promocionado este "enfrentamiento" de talentos que tendrá lugar esta medianoche en El Ayuntamiento (1 e/ 47 y 48). ¿La pelea de (entre) siglos? Porque quienes se medirán sobre el cuadrilátero de la calle 1 son dos pesos pesados de la canción y nexos generacionales entre los campeones del pasado y referentes para los valores del nuevo siglo. Uno con un estilo decididamente más golpeador, ofensivo y de guardia baja (Pandolfo); el otro, estratega de jabs certeros y golpes sorpresivos (Bochatón); ambos -luchadores de corazón abierto- han constituido su prestigio esquivos a los mandatos y amparados en estilos sumamente personales. Es por eso que no se descarta para esta noche un empate técnico. Aunque lo más probable es que sea la canción la que gane por KO.
Mientras tanto, en esta esquina, el defensor del título del cantor urgente. Palo Pandolfo es catarsis pura, su voz es un fuego indómito, indecente, incandescente, primal. Sus canciones son pequeños trozos de fuego, de poesía desbordante, postales de tinta de una mente consternada y lúcida. En su música se respira tango, folclore, pop, dark, se huele tempestad, se palpa remanso. Más de 30 años de carrera, liderando a Don Cornelio y la zona (objeto de admiración y culto) y Los Visitantes, con quienes marcó tendencia con la inclusión de sonidos folclóricos y rioplatenses en nuestro rock. Desde hace más de diez años solista, hace dos editó el notable Ritual Criollo. “Es un honor poder compartir esta fecha con Francisco. Me parece un golazo estar ahí en la tierra de los Peligrosos Gorriones. Nosotros ya estuvimos con él haciendo cosas, como un ciclo en el Tasso. Siempre tuvimos buena onda y después de compartir trabajo quedó un vínculo, una amistad. Lo respeto mucho y me encanta como compositor. Quedamos en hacer algo juntos para el cierre del show, pero no lo hablamos bien”, introduce Palo, quien se presentará con su banda El Ritual y tocará temas de toda su carrera, mientras ya está ensayando 30 temas de lo que será su próximo CD.
–Alguna vez Dylan se autodefinió como un expedicionario musical. Dado su eclecticismo ¿se podría decir lo mismo de usted?
–Yo no me compararía con Dylan. Las diferencias rítmicas que habitan en las canciones que vengo componiendo salen de manera espontánea o intuitiva o del subconsciente. A veces me animo a decir una cosa más profunda, que es una música de ancestros. Está transmitido en el aire, en determinado nivel de percepción, empieza a entrar el aire de milonga, de tango, de candombe. No es que me propongo a investigar esos ritmos argentinos y latinoamericanos.
–Su carrera ha sido, de algún modo, siempre un gran antojo…
–Yo he sido muy consecuente con la composición. O sea, yo compongo no desde el antojo sino desde la necesidad. Si no tengo qué cantar, un tema nuevo que yo mismo lo pueda cantar para mi mismo cuando estoy solo a las dos de la mañana… Siempre necesito una canción nueva. Si no compongo, siento que me seco.
–Sus recitales en vivo son particulares. Llega casi a la inmolación escénica…
– Sí, es como un trance. Yo tuve la suerte escuchar mucha música desde chico: vi a Charly, Spinetta, Serú (Girán)… pero lo que me rompió la cabeza y me incitó a participar de esa forma de expresarse fue Luca Prodan. La primera vez que vi a Sumo, en un bar de Palermo, entré en trance, me trepé a una mesa y dije: "es esto". También tiene que ver con lo punk, gente que nunca me vio en un show solista y me ven, me dicen: "sos re punk". Sí re punk, post punk y re todo. Hemos vivido todas esas historias.
–¿Considera que está situado como nexo de esa generación del rock que nombrabas y las que vinieron luego?
–No podría decirte que no porque sería pecar de falsa modestia. De alguna manera lo llevo con humildad. Entiendo que algunas canciones habitan en el inconciente colectivo y eso me da bastante placer. De alguna manera, di un par de líneas que alimentaron un par de espíritus. A mí me importa eso: dar una inyección e luz, aunque suene muy spinetteano. Una canción tiene que darte luz, emocionante, conmoverte.
–En la canción "Argentina 2002" escribió "todo cae". ¿Qué diría de la Argentina 2010?
–La veo explosiva culturalmente. Es muy distinta la Argentina 2002, 2001 y el noventipico incluso. Es como que dejando atrás el post menemismo, sobre todo en los que es música popular, urbana y criolla, hay una importante cantidad de músicos buscando la originalidad. Y es interesante como se han dividido las aguas respecto a la política. Lo que es el campo, Clarín, como que se abrieron las aguas… La gente está más politizada, ahora hay como mayor involucramiento. La veo bastante rica. Pero obviamente hay que mantener el espíritu crítico despierto.
–¿Cómo se hace desde la poesía para tener una posición comprometida sin caer en lo panfletario?
–Ahí es donde priva el espíritu y la búsqueda de belleza. Está muy mal visto el hecho de ser un cantor de protesta, en un momento estaba bien. Yo también me burlo de algunas cosas. Está un poco demodé la pasión, lo cual me preocupa. Hay una moda de ser cool y no levanta ni calentarse. Tiene que ver con el pos liberalismo. Es difícil sustraerse del hecho político. A mí igual lo que me gusta de una letra es que se puedan hacer varias lecturas y que sea una mujer o una pintura o la revolución. La poesía es en fin un momento de libertad. Yo produzco bandas y cuando me acercan un material, lo primero que me fijo es "a ver qué dice, cómo, desde dónde". Tiene que decir algo, aunque diga te amo.