Ismael Serrano

“Las Madres y las Abuelas son una reserva moral”

19.08.2010 | 17.56 Comentar   |   FacebookTwitter

Ismael Serrano
Entrevistas /  El músico español promueve la candidatura de Abuelas al Nobel de la Paz. Canciones de amor, crisis en Europa, el caso Garzón. Y su enojo con los periodistas.
Por Natalia Coronel y Graciela Pérez

Ismael Serrano comenzó su carrera profesional siendo apenas un adolescente. Su camino artístico se nutrió con textos de César Vallejo, Mario Benedetti y Pablo Neruda, poetas latinoamericanos que influyeron en la manera de concebir las letras de sus canciones. Hoy, con más de quince años sobre los escenarios, Serrano está presentando en el Teatro Gran Rex (el 20, 21 y 22 de agosto a las 21.30) su noveno disco, Acuérdate de vivir. El nombre del álbum hace referencia a una leyenda en latín que aparecía en los relojes antiguos de sol: “Memento vivere”. “A veces estamos inmersos en el limbo frenético que imponen los tiempos, y no nos detenemos a reparar en los detalles de asumir los riesgos que conlleva estar vivo”, cuenta Serrano, en charla íntima con Veintitrés.

Paradójicamente, el disco le demandó varios meses de grabación y lo privó de ver a sus seres queridos: “Mis amigos me decían: ‘Estás grabando un disco que se llama Acuérdate de vivir y se te está olvidando a ti’”.

Durante la entrevista, el músico elabora prolijamente las respuestas, como si pensara en voz alta y con lucidez cada palabra. Pasa de la risa a la seriedad más profunda, sobre todo cuando se le pregunta sobre la crisis económica que vive España por estos días. Se sumerge en sus pensamientos para explicar por qué siempre es la sociedad la que paga los efectos de los problemas financieros.

–La palabra futuro aparece muchas veces en el disco...

–Tiene que ver con vivir las cosas con intensidad. Me ocurre a menudo que relaciono permanentemente los sueños a futuro, como si todo estuviera por venir. Si uno no es capaz de asumir los retos que le corresponden, difícilmente esos sueños que uno conjuga permanentemente en futuro puedan hacerse realidad.

–¿Qué cambios cree que va a provocar la actual crisis económica?

–Deberíamos entender el conflicto para hacer un balance de lo que hicimos y lo que venimos haciendo y cuál es el modelo de sociedad en que nos toca vivir. Cuando estalló la crisis existió ese propósito. Los dirigentes mundiales hablaron de la tasa Tobin, de regular y controlar los sistemas financieros e incluso de poner límites a los sueldos. Pero lo que se hizo en mi país fue llevar a cabo ajustes estructurales que reforzaron el sistema. Es una crisis sistémica no coyuntural porque es provocada por el propio sistema. Una de las cosas que generó este desequilibrio fue la pérdida de una mirada a largo plazo por parte del sistema financiero y la clase política, que siempre miran a las siguientes elecciones, y no más allá.

–¿Qué hace el individuo frente a eso?

–Asustarse, fundamentalmente, y eso hace que la crisis se agrave más. La economía es confianza y la gente desconfía. Se arrebató el protagonismo en lo político y en lo social y hoy se reemplazó por una sociedad atomizada, donde se vive continuamente con miedo. Esto hace que perdamos conciencia de nuestra capacidad para influir en la realidad. Los gobernantes no pueden imponer su propio modelo, por eso asumen el chantaje del sistema.

–¿La música ayuda a recuperar el valor de la palabra?

–Ayuda a ponerles palabras a cosas que a veces intuimos pero no somos capaces de expresar con la contundencia necesaria. Lo que diferencia a mi generación de la de mis padres es que las respuestas estaban clarísimas. Existían dogmas, sobre los que se asentaban estructuras de pensamientos que daban todas las respuestas precisas y contundentes.

–El hombre cíclicamente comete los mismos errores: lo que hoy sucede en España hace diez años lo vivíamos en la Argentina. ¿Cuál es el causante: el hombre, el sistema, la historia, no prestarle atención al presente...?

–El sistema generó un mecanismo de defensa tremendamente eficaz. Uno de ellos es hacer que la sociedad civil pierda protagonismo en la toma de decisiones y que vivamos con permanente miedo. Cedemos en derechos y delegamos decisiones. Por ejemplo, hoy en España hay una tasa de desempleo que hace tiempo no conocíamos. Como tener trabajo hoy es un privilegio, no reparamos en las condiciones laborales. Esto hace que el sistema se vaya fortaleciendo, porque la sociedad pierde poder de influencia. El ciudadano medio no es responsable sino víctima. Nos creíamos inmunizados, porque le habíamos dado la espalda al capitalismo más feroz a través de un Estado de bienestar, que nos servía de soporte.

–¿Cree que la crisis española influyó en la suspensión del juez Baltasar Garzón?

–No tiene que ver con la crisis económica, pero sí con la del sistema judicial, que juega permanentemente un papel político que no le corresponde. El caso de Garzón es muy triste. No puede ser que sienten en el banquillo al único juez que, con gran valentía, abrió una instrucción en torno a los crímenes perpetrados por el franquismo.

–¿Qué apoyo tiene la iniciativa contra Garzón?

–La denuncia contra Garzón la presentó el grupo de ultraderecha Falange Española, único partido en tiempos de Franco, que hoy no representa a la sociedad española. Tiene que ver con ciertos vestigios de la dictadura que hay dentro del poder judicial, a pesar de que el juez que tomó el caso no es franquista. En mi país el representante del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja, dijo que la época del franquismo fue plácida y maravillosa. Esto me parece intolerable y una locura.

Con una interesante puesta teatral, el show transcurre en una escenografía que recrea un departamento, donde no faltan las anécdotas de vecinos que, entre miedos y alegrías, se interrelacionan en las escaleras del edificio. Una ingeniosa idea que transmite el clima ideal para dar introducción a los temas elegidos en el repertorio: “Cada vez me gusta más darles una puesta teatral a los conciertos. Supongo que es porque me resulta más divertido que hacer una sucesión de canciones”, dice Serrano, que acaba de filmar su segunda película, Luna en Leo, con Juan Pablo Martínez, el mismo director que hizo El hombre que corría tras el viento. Esta vez, con un guión que parece sacado de una película independiente estadounidense: “Es la historia de una primera cita entre un chico de mi edad y una muchacha. Además del sentimentalismo, tiene mucho de retrato generacional”.

–¿Cómo fue el proceso de armado de su nuevo álbum?

–Creo en el disco como algo conceptual porque retrata un momento de crisis personal. No sé muy bien cuándo comenzó el proceso; cuando termino un disco ya estoy comenzando a componer nuevas canciones. Es una carrera de tensión creativa que, a veces, no se tiene muy en cuenta. Escucho a periodistas que dicen que hacer un disco es como un trámite para empezar una gira. Me duele que digan eso, porque en el estudio hay un trabajo de investigación que nunca es menor. Aun cuando yo no esté a la vanguardia de la música. El disco no se termina hasta que sales al escenario.

–Dijo que el álbum nació en un estado anímico particular. ¿Se olvidó de vivir en algún momento?

–Creo que sí. Todos en algún momento nos sorprendimos ante esa idea. Estamos inmersos en el ritmo frenético pero tenemos la necesidad de parar un momento para conocer nuestras prioridades, lo que está ocurriendo y qué es lo importante. Por un lado, es cómodo dejarse arrastrar por los acontecimientos. Por otro lado, es muy cobarde no ser capaces de asumir las decisiones y los riesgos que conlleva agarrar las riendas de la vida.

–Sus temas remiten a rupturas y fracasos del amor. ¿Es un perdedor en cuestiones sentimentales?

–No. He sido feliz e infeliz. Si haces un repaso de la mayor parte de las canciones de amor, que alguna vez han marcado tu vida, te darás cuenta de que hablan de rupturas. Son canciones marcadas por las despedidas o el fracaso. Buscamos en la música esa terapia para sobrellevar el dolor y sentirnos acompañados. También, para rescatar la belleza del fracaso. Necesitamos rescatar que alguna vez fuimos héroes, porque eso es en lo que te convierte el amor.

–¿Qué le genera la candidatura de Abuelas de Plaza de Mayo al Premio Nobel de la Paz?

–Formo parte del consejo que impulsa su candidatura. Me parece que sería un justo reconocimiento a su labor en defensa de los derechos humanos y la memoria. Su lucha va más allá de lo estrictamente local. Son una referencia a nivel internacional y, en algún punto, son una reserva moral en un momento en que andamos desencantados de lo que son los políticos convencionales. Encontramos en las Madres y las Abuelas un ejemplo que nos reconcilia con el mundo y que nos hace pensar que no todo está perdido. Me alegraría mucho que tengan esa distinción de manera oficial.
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