Jorgelina Aruzzi
“Más gente conoce a Cirio que a Carlotto”
Jorgelina AruzziEntrevistas /
Hace teatro junto a Cecilia Roth y Leonor Manso, y una tira diaria por Canal 13. La relación de las mujeres con su vestuario y el cambio de prioridades al ser mamá.
Por Bruno Lazzaro
Cuando Jorgelina Aruzzi se ríe, lo hace con ganas. Su carcajada se amplifica y tiene un efecto espejo que resulta imposible de eludir. Dice estar feliz, y razones no le faltan. Hace ocho meses fue mamá de una niña –a la que llamó Ámbar pero que pudo ser Lila hasta que se dio cuenta de que podrían decirle Lilita, y desistió–, compone a Pepa en la telenovela Alguien que me quiera –Canal 13– y desde hace un mes se sube al escenario del Teatro Tabarís –junto a Cecilia Roth, Leonor Manso, Ana Katz y Mercedes Scapola– con Amor, dolor, y qué me pongo, una obra creada por las hermanas Nora y Delia Ephron –guionistas de Cuando Harry conoció a Sally– y adaptada y dirigida por Mercedes Morán, que sirve para rememorar anécdotas en las que la ropa funciona como excusa ideal para evidenciar los sentimientos más intrínsecos de las mujeres.
–¿De qué manera se relaciona algo frívolo como la ropa con sentimientos tan profundos como el amor y el dolor?
–Es que, para la mayoría de las mujeres, la ropa es mucho. Y en la obra nos reímos de eso. Porque si a la mujer no le entra un pantalón se pone de la misma manera que si ve una injusticia en la calle. Es algo de lo que salís rápido, pero que cuando lo atravesás, se cae el mundo.
–¿Es para tanto?
–No, pero andá a explicárselo a una mujer en ese momento. Todas las mujeres pasamos por ese diálogo con el marido en el que le decimos que no tenemos nada que ponernos y ellos nos contestan que tenemos un placard lleno de ropa. El problema es que nosotras pensamos que todo lo que tenemos es una mierda. Igualmente, desde que nació mi hija, mi prenda preferida es la que está planchada.
–Entonces, ya no le da tanto valor.
–Digamos que la ropa se convirtió en un lugar incómodo porque me gusta estar relajada. Pero mi trabajo no me lo permite. Me encantaría salir a la calle en pijama. Eso sí, bien ajustado.
–¿Se siente esclava de su imagen?
–No, pero en todos los lugares del mundo existe una cierta esclavitud. Ya falta poco para que nos liberemos. El tema es que ahora está arraigado.
–Ema, el personaje de Leonor Manso, cuenta desde el lugar de todas las mujeres que fue a lo largo de su vida, que ya es una mujer libre, que nada la atrae. ¿Cree que esa libertad estética sólo llega con la edad?
–Depende cómo llegues a determinada edad (risas). Hay muchas mujeres que vemos en la televisión que todavía no se hicieron cargo. Me parece que al pasar los años vas dejando de insistir con cosas porque vas madurando. El tema pasa por madurar y acompañar el proceso de envejecimiento con la realidad. Porque cuando ves una mujer muy operada, vestida como desfasada, da la sensación de que algo hace ruido. Ahora, si esa mujer es feliz, está bien. Porque lo importante es no sentirse frustrada.
–¿Pero no cree que ese tipo de cosas atentan contra la libertad?
–Las mujeres debemos trabajar para ser libres. Y esta obra sirve para eso. Porque ni siquiera se habla de hombres. Y no recuerdo muchas obras con cinco mujeres en escena que no se ataque a los hombres.
–¿Y por qué cree que recién ahora se logra?
–Durante mucho tiempo se minimizó a la mujer, como si no pudiéramos hablar de política o no tuviéramos la universalidad que posee la mirada femenina. Y así pasaron obras que nos mostraban pintándonos, haciendo la comida para nuestros maridos... Pero hoy tenemos otro lugar y tenemos que mostrarlo. Y también defenderlo.
–¿De qué?
–Del sistema. De las portadas de revistas que sólo muestran los cuerpos de las mujeres. Son más los que conocen a Jesica Cirio que a gente que aportó mucho a la historia, como Estela Carlotto. Hay que darse cuenta de que muchas movidas nacen de mujeres, como las Abuelas de Plaza de Mayo o las Madres del Dolor.
–Sin embargo, en la televisión desde hace varios años las mujeres tienen un papel determinante a través de unitarios consagrados como Mujeres asesinas y otros que van en camino, como Para vestir santos.
–Sí, pero en las tapas de las revistas aparece la chica linda de la serie. No quiero descartar a las mujeres que muestran su cuerpo, pero no puede ser que eso pese más. Y eso molesta porque está digitado para que sea así. No es algo azaroso.
–Le cambio de tema. Hace unos días su representante Alejandro Vanelli se casó con Ernesto Larrese, su pareja desde hace muchos años. Imagino que se habrá puesto contenta.
–Sí, por él y por todos aquellos que ahora pueden acceder a ese derecho. Aunque no pude ir a la fiesta porque no tenía qué ponerme (risas). Es algo que tenía que darse porque al país lo vamos haciendo en pequeños actos y yo estoy a favor de la construcción, no de la represión. Ni hablar del aborto, porque ponen a la mujer en un lugar peligroso. Me parece que hay que debatir y enseñarles a los chicos lo importante que es la solidaridad y el respeto al otro. Así vamos a tener otra estructura de pensamiento.
–¿Cuánto tardó en vestirse para venir a hacer la entrevista?
–Diez minutos. Decí que tenía la ropa planchada a mano, si no...
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