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Infierno “encantador”: el calor ayudó a Dulko
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Azarenka se desmayó cuando perdía 5 a 1 contra la argentina: New York está on fire
El calor de Nueva York produjo el desmayo de la rusa Victoria Azarenka, quien comenzó a sentirse mal y se desplomó sobre la canc "Fue terrible. No es agradable ver a alguien caer así", describió Gisela Dulko.
“Así” es sinónimo de desmayo por hipertermia. Es que la rival de la tigrense en la segunda ronda del US Open, la rusa Victoria Azarenka (11º del ranking mundial), cayó corroída por el calor cuando perdía 5 a 1 en el set inicial (siguiendo este enlace se puede ver el video del desmayo: http://www.youtube.com/watch?v=ap9CgKY3Ul4).
Cerca del mediodía, la hora del duelo, New York era una caldera de 35 grados centígrados. Adentro de la cancha había, por lo menos, 4 o 5 grados más. Demasiado para la chica nacida en Minsk (capital de Bielorrusia) en donde la temperatura promedio es de 6 grados. Si bien Viko es ya una ciudadana del mundo y es además una atleta súper preparada, sus rasgos genéticos imprescindibles la hacen vulnerables a los calores extremos.
De esta manera, Dulko se metió en la tercera ronda del último Grand Slam del año, instancia en la que chocará ante la rusa Anastasia Pavlyuchenkova (22), que ayer venció a la india Sania Mirza (159) por 6-2 y 6-4.
"Me asusté y me preocupé por ella. Busqué traerle hielo para ayudarla. No hablamos, no dijo nada, pero tenía los ojos abiertos", agregó la tigrense.
A diferencia del Abierto de Australia, el primer Grand Slam de la temporada, en el que se aplica una política de "altas temperaturas" que detiene o ralentiza el juego, en el US Open no existe ninguna regla ante el calor extremo.
Los organizadores del torneo emitieron un comunicado en el que señalaron que Azarenka fue llevada a un hospital "para hacerle estudios para un diagnóstico".
Otras fuentes de la organización señalaron que lo sucedido "en un principio no tiene que ver con el calor", pese a que "por respeto a su privacidad" se negaron a dar más detalles.
UN INFIERNO POCO ENCANTADOR. New York, su gente y su clase dirigente, está en estado de alerta: este viernes el huracán Earl (de grado 3) podría azotar la ciudad debido a la inédita potencia que este año adquirieron las tormentas tropicales. El calentamiento global hace su parte. La última vez que un huracán acechó a la Gran Manzana fue en 1985, dejando a su paso un tendal de 900 millones de dólares a causa de los destrozos.
Así está la ciudad que nunca duerme, temiendo un desastre. Los tenistas que están jugando en Flushing Meadows, sin embargo, ya se sienten parte de un padecimiento cruel. Si bien en el Australian Open también se registran temperaturas febriles, allí hay una clara política de “altas temperaturas” que impide jugar partidos en determinada coyuntura. Además, este certamen está al fin de un calendario desgastante y sobre la superficie que más daña el cuerpo de los deportistas.
“Exhausto y con pánico”, describió Novak Djokovic sus sentimientos cada vez que se refugiaba del sol durante su partido. “Y me refiero”, aclaró luego, “a que es el mejor sentimiento del mundo”.
“Hace un calor muy duro”, contó Feliciano López. “Hay que hidratarse para evitar que te de bajón”, agregó.
Dijo, dice y dirá para siempre el Indio: “¿Por qué no dejás de pensar en labios que besan frío?; para cerrar un ojo y ver cuántos cuernos tiene el diablo; ¿Puede alguien decirme? ¡Me voy a comer tu dolor!”
Pero, parafraseando a Solari, no se podría afirmar que “el infierno está encantador”. Aunque, claro, lo lineal o lo literal no es la mejor forma de interpretar estas cuestiones. Que respondan los tenistas, pues.
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