. Gabriel Rolón prefiere hablar de un "encuentro" cuando se le pregunta sobre Entrevista abierta, el formato que lo reunirá con el público platense este fin de semana para "pensar sobre algunos temas complejos durante una hora y media o dos". Antes llegar a La Nonna (47 esquina 3) por partida doble -sábado a las 21 y domingo a las 22- el Licenciado en psicología se sentó a charlar con Diagonales en el mismo bar platense donde vio a Boca Juniors Campeón del mundo y aseguró que le gusta la “confusión que se genera” en cuanto a lo que hará arriba del escenario.
“Estoy yo solo sentado en una banqueta, así que un espectáculo no es porque me suena a espectacular, tampoco es un show y menos una obra, porque no hay nada escrito. Encontré la palabra encuentro, que me gusta y diría que se trata del desafío que aceptamos el público y yo de reunirnos durante una hora y media o dos, a tratar de pensar sobre algunos temas, temas que hacen a la psicología, que tienen que ver con el amor y las cosas que se derivan de ahí: la infidelidad, los celos, los amores patológicos, y de ahí vamos a la adolescencia, la sexualidad, la muerte, las pérdidas, los duelos, los miedos”, es la explicación de Rolón, que advierte “según la noche y la gente hay charlas que salen picaditas, con humor, y otras que son más profundas y densas pero igualmente conmovedoras. Eso es algo que no se puede garantizar, esto no es como una obra que podés recomendar y decir: ‘andá a verla que es buena’. Acá con lo que se van a encontrar es con alguien que desde el psicoanálisis trata de pensar algunos temas complejos, junto con la gente, en el mayor clima de respeto por las diferencias”.
–¿Y qué es lo que más le atrae del teatro?
–En el teatro lo que me gusta es la cercanía con la gente, el desafío de cada noche de pensar junto al público los temas que ellos proponen. Porque yo no llevo los temas y digo “hoy vamos a hablar de esto”. La gente levanta la mano y vamos construyendo el pensamiento, y me objetan, me acotan, recordamos libros o películas que nos traigan a ejemplo. Es una puerta que tiene el teatro y no tiene ninguna de las otras variantes del espectáculo, de los medios, que es la potencia del público ahí, que te fiscaliza, da cuenta de la autenticidad de lo que estás diciendo. El teatro no engaña en eso, si el público se conmueve vos salís conmovido. Y cuando no salís conmovido, el público no se conmovió.
El teatro tiene la posibilidad de ver los rostros, de sentir la tensión, la gente te invita y te indica un camino por el cual transitar. Aunque el desafío de romper el clima para construir otra cosa también es lindo. Me pasa que si el público se engancha desde el humor, es lindo, pero yo digo “basta” para meterlos en algo más profundo, y sé que me interesa a mí, pero la gente se termina enganchando.
El salto. “La entrada a los medios tiene que ver con Alejandro (Dolina). Yo había hecho antes un programa de radio propio en FM Palermo y tenía sueños de hombre de radio. Pero después me recibí, empecé a trabajar con la psicología y me había quedado como uno de esos tantos sueños que se pierden en la vida. Porque nadie lo logra todo… ¿no?” fue lo que dijo Gabriel Rolón sobre sus inicios en los estudios de las emisoras radiales.
Lo llamaron para suplantar a Guillermo Stronati en La Venganza será terrible durante dos semanas: “y entendí mal, en vez de 15 días me quedé 15 años”. En el programa hacía cosas “que tenían que ver con la música, el amor y el pensamiento, no hacía nada de psicología” y ese panorama se revirtió una noche mientras cenaba en la casa de Dolina junto a Elizabeth “La Negra” Vernaci: “en ese momento estaba en boga el tema de la anorexia y yo empecé a explicar como funcionaba esto, porque ellos dos me decían ‘¿Cómo puede ser que una persona no se de cuenta que pesa 30 kilos?’ y yo les expliqué como funcionaba, y la Negra me dijo: ‘te entendí todo, ¿te animás a explicarlo en mi programa?’. Me invitó un día y estallaron los teléfonos de consultas, después me invitó a hablar de otro tema, y la gente de la radio le dijo: ‘invitalo a Rolón’ y la Negra, que es una amiga, me dijo: ‘si la gente de la radio te quiere que te paguen, esto es un trabajo’. Y así empecé a trabajar con ella con cosas que tenían que ver con la psicología”, fue la explicación detallada que hizo el licenciado, que luego pasó, también “gracias a la Negra Vernaci”, por Todos al diván, el programa que ella conducía junto a Pettinato y que más tarde tuvo como conductora femenina a Karina Mazzoco. Desde ahí “se fueron encadenando participaciones en televisión, hasta tener programa propio tanto en tele como en radio”.
–¿Cómo le resultó la experiencia de tener programa propio en televisión con Terapia única sesión?
-Yo creo que fue una experiencia muy linda, quería hablar con la gente de un modo profundo, tranquilo, y demostrar que se podía hablar seriamente sin caer en lugares comunes, sin dar golpes bajos, sin que nadie se pelee con nadie, preguntándole de antemano al invitado "¿de qué no querés hablar?". Y la gente lo recibió muy bien, a punto tal que América lo dio 3 veces el ciclo, y yo no tuve más ganas de seguirlo porque había algunas cosas en el formato que no me terminaban de convencer. Yo lo quería más oscuro, más íntimo, no quería informes periodísticos en el medio de "vos dijiste eso, vos hiciste aquello" y quería más variedad de invitados. Porque sino siempre invitás a los mismos.
–¿Los invitados fueron una de las complicaciones? ¿Algunos no se animaban o tenían algún prejuicio?
–Al principio pasó eso y después llamaban para venir, cuando vieron el clima y las personas que participaron. El programa que era de 13 capítulos pasó a 15 y de ahí a 17, y propusieron más pero no nos pusimos de acuerdo con los invitados, porque yo tenía ganas de hablar con otra gente. Me gustaba hablar con una persona tan inteligente como Moria pero decía porque no conversar con Dolina o Pigna, mezclar un escritor y un actor con alguna figura fuerte en los medios. Yo tenía la intención de que el formato le gane al invitado. Pero en televisión se mide por lo que mide, y yo creo que se equivocan. De hecho, en los programas que me decían va a ser difícil, explotaba la medición, y en los que decían "lo va a ver todo el mundo" hacíamos la media acostumbrada. La gente de los medios tiene mucho miedo de todo, eso me lo enseñó Dolina.
Rótulo. Muchas veces lo calificaron como el "psicólogo mediático" e incluso, sus colegas pueden creer que la profesión se ve "bastardeada" porque Rolón aparece en los medios de comunicación. A eso, él responde: "en televisión se han hecho cosas como Televisión por la identidad, Vulnerables, Locas de amor, Tumberos, Ocupas, todas producciones muy interesantes. Yo creo que es un momento particular de la tele. Pero no me preocupa cuando dicen que soy mediático". Y aclara "si ser mediático es trabajar en los medios, soy mediático. Si ser mediático es trabajar en los medios a partir de estar metidos en las peleas o en ser un opinólogo yo ahí sí desafío a cualquiera a que me diga cuando yo opiné de cosas que no sabía o cuando me peleé con alguien. Creo que los medios son una franja muy importante como para dejarla pasar y la difusión del psicoanálisis es algo importante".
–¿Eso es lo que a usted más le atrae de estar en los medios, la difusión del psicoanálisis?
-A mí me gusta o jugar, tomarlo como algo lúdico, como el juego que hacía con Alejandro (Dolina) que inventaba personajes. También me gusta mi faceta música, esa faceta musical que tanto quiero y la primera vez que estuve en la televisión fue tocando la guitarra. Y me gusta si siento que tiene algún sentido lo que yo puedo opinar. Me gusta un periodístico íntimo, que es lo que yo hacía, porque no era una sesión de terapia televisada, eso no estaría bien. O, desde el lugar del psicólogo, hacer lo que yo llamo la difusión del psicoanálisis o el acercamiento de la psicología a la gente, que no tiene que ver con la clínica. Yo jamás analizo a alguien de verdad por televisión, aunque parecía desde la escenografía. Creo que la televisión llega a lugares donde no llegan los psicólogos. Y si desde un canal decís que no es bueno para un chico de 5 años seguir durmiendo con los padres, eso llega a pueblitos del interior donde no hay ningún psicólogo que lo pueda decir. Es del mismo modo que los médicos en su momento decían "hay que lavarse las manos, hay que hervir las verduras" y llegaban a la gente. Eso no era clínica, era hacer prevención, así que yo creo que hay un lugar posible para la psicología.
–Desde los libros también encontró ese lugar…
-Sí, en noviembre sale el tercero, dejé un año y medio entre todos, entre el primero, Historias de diván y el segundo, Palabras cruzadas y ahora pasó ese tiempo y voy a sacar mi primer ficción, estoy viendo el nombre, que está ahí, pero las cláusulas de confidencialidad de las editoriales no me permiten decirlo. Yo estoy emocionado porque esta idea inicial que tuve, que fue tratar de mostrarle a la gente que pasaba dentro de un consultorio para que no haya tantos mitos, para que no quedemos como esos tipos que no le hablamos a los pacientes y que no los saludamos en el ascensor. ¿La gente sabe lo que hace un analista? y sobre todo intenté reinstalar la palabra diván, con todo el advenimiento, que igual respeto, de las técnicas cognitivas, sistémicas, porque los analistas quedamos como una especie de dinosaurios y es mentira, trabajamos con la gente y su dolor. Yo quería mostrar lo que los analistas hacemos y me emocionó mucho que la gente haya tenido esa respuesta y me emociona que me hablen de análisis y no de terapia, siento que la palabra se estaba perdiendo, y de alguna manera ayudé a recuperarla.