Diálogo a fondo con la presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont
“Los mercados nos consideran herejes”
Foto: Luis María HerrEntrevistas /
En el primer reportaje que da a una revista, asegura que es necesario debatir el rol de la entidad. Responde a las críticas y confiesa que quiere seguir en el cargo.
Por Graciela Moreno
Desde que Mercedes Marcó del Pont llegó a la presidencia del Banco Central, hasta el aire que se respira en ese histórico edificio es diferente. Siempre batalló por modificar la carta orgánica de la entidad, heredada de la convertibilidad y la matriz simbólica neoliberal. No sólo se trata de preservar el valor de la moneda, para esta economista egresada de la UBA, sino también hay que abrir el debate ideológico para “conciliar el objetivo de la estabilidad con el crecimiento y la inclusión social”. El 23 de septiembre vence su mandato. Aunque algunos ya mencionan su nombre para disputar la ciudad de Buenos Aires, Marcó del Pont considera que el frente estratégico para dar hoy la lucha es desde el Banco Central. En el primer reportaje que concede a una revista desde que asumió, responde a las críticas y reconoce que sus políticas son consideradas herejías desde la perspectiva de los mercados.
–Una de sus primeras medidas fue usar las reservas para pagar deuda, ¿Cree que para 2011 será necesario seguir utilizándolas?
–No sé si va a ser necesario. Todo es muy dinámico. El uso de reservas tuvo que ver con una decisión política de sostener este proceso de crecimiento y promoverlo. De no haber usado las reservas se tendría que haber hecho un esfuerzo de ajuste fiscal que hubiera supuesto que la economía no creciera como proyectamos a un 9 por ciento. Mirado en perspectiva, nos permite desmitificar todas las plagas que iban a caer sobre la Argentina si se avanzaba en ese sentido y mostrar que en realidad las reservas son fruto y uno de los pilares de este modelo económico.
–¿Cómo analiza el retraso cambiario?
–La moneda se viene devaluando lentamente. Con los máximos alcanzados por el tipo de cambio cuando estalló la convertibilidad y a la salida de la crisis, se generó una enorme devaluación y obviamente una gran competitividad a costa de hiperdesempleo y bajos salarios. A medida que la economía empieza a recomponerse, junto al mercado de trabajo y los salarios, el tipo de cambio vuelve a un nivel de equilibrio. La Argentina es un país muy dolarizado, pero en la medida en que el dólar se mantiene con cierta estabilidad, la gente va a los pesos. Compra menos dólares y además prefiere los depósitos de plazo fijo, que son la base de lo que tendría que ser una política de financiamiento por parte de las entidades bancarias hacia los sectores de la producción.
–¿Qué más puede hacer desde el BCRA para ayudar a mejorar la competitividad?
–Seguimos con atención que el tipo de cambio sea muy competitivo no sólo para el sector agropecuario, que tiene precios internacionales muy buenos y márgenes de rentabilidad enormes, sino también para el sector industrial. Sin desconocer que la política de tipo de cambio competitivo es importante, es necesario dar una discusión más amplia, donde se discuta la competitividad también pensando en otros componentes como puede ser el crédito. Brasil tiene una moneda hiperapreciada, pero el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil tiene un rol muy agresivo en la política de financiamiento. En la Argentina hay muy escaso crédito para la producción y para la inversión. Desde el BCRA, dentro de la libertad que nos da la normativa vigente, hemos planteado un fondeo a los bancos para que presten a largo plazo y financien proyectos de inversión a cinco años a tasa fija para sectores de la producción que tengan proyectos estratégicos. De alguna manera, esta línea rompe con la inercia del BCRA que no se ocupaba demasiado de políticas que buscaran recomponer el crédito de la Argentina.
–No sólo fue muy criticada su decisión de modificar el programa monetario, sino que además fue citada en el Senado a dar explicaciones. ¿Por qué fue necesario ese cambio?
–Había quedado desfasado de acuerdo con lo proyectado originariamente, que era un crecimiento del 2,5 y finalmente será de un 9 por ciento. Lo que uno advierte, permanentemente, es que cuando se hacen esas críticas se cae en la vieja visión monetarista de los problemas económicos en la Argentina. Algo que en última instancia conduce a las mismas recetas que ya han fracasado en forma recurrente en nuestro país. Las recetas del ajuste y del enfriamiento. Lo que no se termina de decir es que ellos querrían que el BCRA hiciera una política contractiva, de forma tal de enfriar la economía. Desde esa visión ortodoxa y convencional se piensa que se resuelve el problema de los aumentos de precios. Nosotros desde el Gobierno tenemos una visión totalmente distinta.
*La nota completa, en la edición impresa de Veintitrés
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