Por Eugenia Blasco

Desempleo: Argentina y España inmersas en realidades diferentes

Buenos Aires Económico / 
03.09.2010 | 00.29 Comentar   |   FacebookTwitter
En materia de desempleo, las economías de la Argentina y España transitan senderos diferentes. En los medios periodísticos suelen aparecer en forma resaltada los sucesivos incrementos del número de desempleados en el país europeo; sin embargo, no tiene la misma trascendencia la disminución que está registrando el desempleo en la economía nacional.

El crecimiento económico de la Argentina ha permitido reducir el número de personas en estado de precariedad laboral, mientras que en España la recesión provocada por la crisis financiera internacional (y la imposibilidad de hacer política económica por fuera de las rígidas exigencias establecidas por las convenciones de la eurozona para suavizar los efectos negativos de esta patología) derivó en una situación actual alarmante y preocupante para la capacidad productiva futura de la economía. Las cifras son indicativas de esas experiencias tan disímiles: en la Argentina, según la información conocida a fines de agosto, la tasa de desocupación del segundo trimestre fue levemente inferior a 8%, mientras que en el país europeo superó el 20 por ciento.

La tasa de desocupación surge de cuantificar el número de personas que buscan trabajo, y que no encuentran, sobre el total de la población económicamente activa (PEA) u oferta de trabajo.

Así como hay una tasa de desempleo, también es posible observar la evolución del subempleo que, a grandes rasgos, está definido por el número de personas que trabajan menos de 35 horas semanales por cuestiones voluntarias o involuntarias (en términos de la PEA). En el caso de la Argentina, “la tasa de subempleo demandante” (la variable que provee información de aquellos que trabajan menos horas y que están disconformes con su situación) ha disminuido en el último año (comparando la primera mitad de 2010 con respecto a la de 2009), mientras que la otra definición, la que ilustra el comportamiento de los que están subempleados por cuestiones vinculadas a estudio o enfermedad, por ejemplo (y que no buscan más empleo), se ha mantenido estable. No hay demasiado misterio: el crecimiento económico es un motor que ha impulsado la demanda de trabajo, lo cual, en definitiva, contribuyó a mejorar el bienestar de la sociedad, más allá de que dicha absorción haya sido pública o privada o provenido de eventuales “efectos blanqueo”, como se suele mencionar. El dato relevante es que la economía continuará creciendo aceleradamente durante los próximos trimestres.

Según la información anterior, entonces, el crecimiento promueve el empleo (reduce desempleo) tal como lo ha confirmado John Maynard Keynes hace aproximadamente 80 años. No hay sólo un nivel de empleo como describe la escuela de pensamiento Neoclásica sino una cantidad indefinida de ellos, los cuales dependen positivamente “del tirón de demanda (más precisamente de la demanda efectiva)”. Por razones que exceden a esta nota, no siempre esto es así ya que en ciertos casos la naturaleza de la política económica “impide” dicha interacción. No es necesario “bucear” demasiado en la historia. En la década del noventa, la inspiración de las enseñanzas vertidas por el Consenso de Washington a través de las intervenciones frecuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), provocaron estos efectos distorsivos en países que, como la Argentina, adoptaron fielmente la receta: un robusto crecimiento económico vino acompañada por niveles récord de desempleo.

España. En España, la crisis financiera mundial y la quiebra de los bancos de inversión desde 2008 provocaron un efecto negativo determinante en el canal de créditos. En agosto, el incremento del número de desempleados superó los 61.000. El trabajo femenino y las personas mayores a 25 años fueron los más afectados. Si bien el aumento del desempleo en agosto es de carácter estacional (ocurre todos los años), la noticia es relativamente negativa y se debe, en gran medida, a la caída de contratos temporales.

Las proyecciones de crecimiento de la eurozona están mejorando moderadamente, pero la economía de España es la que exhibe resultados más precarios en el medio de la tormenta en la que “navega” el Viejo Continente. Una eventual recaída de esta recuperación, influida por los magros resultados de la economía de los Estados Unidos, provocará más problemas en el mercado de trabajo europeo. El premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, lo señala de manera recurrente en sus columnas. Si ello sucediera, España absorberá estas patologías plenamente, fenómeno que repercutirá negativamente en el empleo del país, más allá de que la ministra de Economía de España, Elena Salgado, haya sostenido fervientemente que ese desequilibrio se está estabilizando.

Por lo tanto, el crecimiento de España no está asegurado y el mercado de trabajo está demasiado expuesto al ciclo económico internacional y no tiene demasiados instrumentos de política económica para frenar una eventual avalancha. En la Argentina, la situación parece más promisoria desde el abandono del Plan de Convertibilidad, producto del compromiso y de la configuración macroeconómica. Es claro, la situación laboral presente y futura de ambas economías es totalmente diferente.

*Especialista en temas macroeconómicos. Ecosociales.UBA@gmail.com
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