Por Federico Bernal

Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario: por la democratización de la tierra

Buenos Aires Económico / 
08.09.2010 | 01.15 Comentar   |   FacebookTwitter

Federico Bernal
Hoy, 8 de septiembre, se conmemora el Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario. La elección del día recuerda la fundación de la primera colonia agrícola en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe, en 1856. Formalmente, tal reconocimiento se plasmó en el decreto 23.317, de 1944, que justificaba así la disposición oficial: “[el 8 de septiembre] es una fecha decisiva en el desarrollo de nuestra agricultura”. Sin embargo, la elección de este día había sido muy anterior.
El 8 de septiembre de 1910, en tiempos de la Argentina granero del mundo, se había emplazado un monumento en la Plaza San Martín de la ciudad de Esperanza en alusión a dicho aniversario.

Ahora bien: declarar “fecha decisiva del desarrollo de nuestra agricultura” la fundación de la primera colonia agrícola es una interpretación más propia de la Argentina del Centenario que de la del Bicentenario. A la Argentina de nuestros días ese argumento le es incompatible e inadecuado. A propósito de ello, y sobre todo, en función de la agricultura practicada desde el Estado nacional, sugeriremos la interpretación opuesta. Pero, ¿es posible encontrar una antítesis interpretativa de un mismo hecho histórico? En aquellos países donde la historia ha sido escrita por las clases dominantes, tal posibilidad está siempre latente. ¿Cómo hacerlo? La desarticulación de las muchas zonceras (interpretaciones) agrarias que los representantes del “granero del mundo” hicieron y hacen de la historia argentina, y por supuesto y en este caso, del Día de la Agricultura, es el mejor de los comienzos. La historia real desmontando a la historia virtual. Comencemos por algunas de las más recientes zonceras manifestadas por la fisiocracia argentina del siglo XXI.

Agricultura sin Estado. ¿Qué más quisiera Hugo Biolcati que hacer de Manuel Belgrano el promotor de una agricultura sin Estado? ¡Maestras de la República colonizada, escuchad! La civilizada Sociedad Rural nos ha señalado el camino en este Bicentenario: ¡la agricultura es y será el motor del desarrollo nacional. Así lo quiso Manuel Belgrano!

En su discurso inaugural de la 124ª Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria (31/7/2010), Biolcati señaló: “La Mesa de Enlace hubiera estado en el Cabildo en los históricos días del 24 y 25 de mayo de 1810, apoyando a Manuel Belgrano en su tarea de promoción de la agricultura, a la que consideraba un pilar fundamental del progreso económico de las naciones”. ¿Pero qué decía o cómo veía Belgrano a la agricultura? En la portada del primer número del semanario El Correo de Comercio de Buenos Aires (3 de marzo de 1810) se podía leer: “Labradores, que con vuestros afanes y sudores proporcionáis a la sociedad la precisa subsistencia, los frutos de regalo, y las materias primas primeras para proveer lo necesario a los trabajos provechosos al Estado! […] ¡Comerciantes, que con vuestra actividad agitáis el cambio así interior como exteriormente, y por vuestro medio se fomenta la agricultura e industria, y el Estado recibe las utilidades con que poder atender a sus necesidades y urgencias! A vosotros todos nos dirigimos a ofrecer nuestros trabajos, sin tener otro interés, ni otras miras que las de vuestros adelantamientos, pues que de ellos indispensablemente han de resultar los que convienen al Estado […]”. Moriría de un síncope Biolcati si supiera que el autor de tan injuriosa oda al Estado fue el mismísimo Belgrano.
El fundador del Ejército del Norte promovía la agricultura como puntal del desarrollo, es cierto, pero una agricultura subordinada –al igual que a las restantes actividades económicas– a un Estado rector de la vida socioeconómica nacional.

Moreno, padre de los hacendados y librecambista. En el mismo discurso y para despejar toda duda a la muchedumbre pauperizada por lustrito y poco más de nefasto populismo kirchnerista, Biolcati aseguró que la Mesa de Enlace también “hubiera estado [el 24 y 25 de mayo de 1810] junto a Moreno”, pero del Moreno “que escribiera la Representación de los Hacendados, acompañándolo en su lucha por la libertad de comercio, contra los altos gravámenes exigidos por el cabildo virreinal. Pero estamos aquí, doscientos años después, luchando contra otros gravámenes, exigidos por otros mandatarios. Doscientos años después defendiendo los mismos ideales”.

En el primer grado escolar de la República Argentina se aprende a sumar y a restar. 2010-200 = 1810. Pero si la enseñanza de las matemáticas fueron por igual a todos los compatriotas, la enseñanza de la historia patria no correría igual suerte. Los vencedores de Pavón que tiempo después de la gran traición de Urquiza fundaron la Sociedad Rural y designaron primer presidente a un Martínez de Hoz, erigieron una historiografía a imagen y semejanza de sus intereses. Ahora bien, Biolcati debería conocer a esta altura de los acontecimientos que tal historia es además de apócrifa, infiel. ¿Infiel? La supervivencia de la SRA en pleno siglo XXI, tan anacrónica como el colonialismo británico en Malvinas, precisa de mucho más que esa historia postiza.

En 1810, Moreno no era el representante de los hacendados, sino el del Plan de Operaciones, el del grupo de Belgrano, Monteagudo y Castelli. Ese Moreno no sólo no atentó contra los gravámenes exigidos por las autoridades, sino que siendo él mismo autoridad propuso expropiar a las principales fortunas de la ciudad-puerto a los efectos de acumular capital para “crear fábricas, ingenios, aumentar la agricultura, las artes…”. La fundación de la patria exigía entonces de un Estado fuerte, organizador de la actividad económica y propulsor del desarrollo. Moreno no fue librecambista ni enemigo de un Estado inclusivo. Todo lo contrario, promovió un Estado redistributivo que haciéndose de la riqueza de unos pocos pudiera construir un país para muchos.

El día en que la Sociedad Rural trabó la creación de una OPEP triguera. En agosto de 1926 arribó a la Argentina uno de los líderes de la principal cooperativa de agricultores de la provincia de Alberta: Mr. Jackman. Su misión: convencer a las autoridades y a los principales líderes agrarios argentinos de la conveniencia de formar un cartel internacional del trigo.

El historiador estadounidense Carl Solberg (The Praires and the Pampas, 1987) señala que Jackman calificó de “primitiva” la situación agraria del país visitado al basarse en el “sistema de tenencia de la tierra, con su masa de rentistas y la concentración de la propiedad en grandes Estados”, todos ellos, “grandes obstáculos para la adopción de un pool en la Argentina”. ¿Por qué la propuesta de Jackman? Allá por la década del ’20 del siglo pasado, las cooperativas agrícolas de Canadá, Australia y la URSS veían en las corporaciones privadas de los agronegocios a su verdadero enemigo, de ahí la propuesta de cartelizar la producción. Para la Argentina, haberse plegado a la ambiciosa iniciativa canadiense hubiese significado dar un gran paso hacia una reforma agraria en el país, una opción que ni los gobiernos de Alvear e Yrigoyen, la Federación Agraria Argentina y mucho menos la Sociedad Rural Argentina tenían en mente. Doscientos años después, la Mesa de Enlace repite igual rol reaccionario.

La recuperación de un 8 de septiembre nacional y popular. Soldado de la independencia bajo las órdenes de Güemes, Aarón Castellanos fue el fundador de la colonia de Esperanza en 1852 dentro de la cual se emplazó el monumento a la Agricultura nacional referido al principio de esta nota. Pero no es esto lo más interesante. El 8 de septiembre de 1856 y por iniciativa del mismo Castellanos, 1.162 colonos de nacionalidad suiza recibieron por parte del gobierno provincial instrumentos para el trabajo agrícola y parcelas de tierra fiscal (33 hectáreas) a cambio de su poblamiento y explotación por un plazo de cinco años.

Este programa fue lo que se dio en llamar el Contrato de Colonización Agrícola de la Provincia de Santa Fe, programa de entrega y uso de la tierra de igual naturaleza al implementado en 1862 y 1872 por los Estados Unidos y Canadá, respectivamente. No obstante la pionera experiencia agrícola argentina, nada pudo hacerse en el país por evitar la concentración de la tierra en pocas manos, la proliferación de arrendatarios y la explotación latifundista e improductiva. La Argentina portadora de una agricultura con agricultores y con un Estado activo pereció con el triunfo del mitrismo y el viraje oligárquico de Roca.

No por nada el canadiense Jackman calificaría de “primitivo” el tipo de tenencia de la tierra en la Argentina de 1926: en su país, los grandes latifundios habían sido oportunamente erradicados durante la segunda mitad del siglo XIX. Entonces, Canadá ostentaba una comunidad de pequeños y medianos agricultores agrupados en cooperativas y aliados al Estado nacional. Aunque severamente amenazada, esta alianza se mantiene al día de hoy.

Día de la Agricultura: ¡viva la agricultura con agricultores! ¡Viva el Estado en la agricultura! y ¡Viva la democratización de la tierra!

La desnaturalización de los mitos que los representantes de la Argentina granero del mundo esgrimen una y otra vez –de los que aquí apenas se presentó una muy pequeña muestra– implica socavar las bases de la dominación cultural de la oligarquía agropecuaria y aliados. Acabar con estas zonceras permitirá no sólo erigir una agricultura a imagen y semejanza de la Argentina del Bicentenario (una agricultura con agricultores y repleta de cooperativas, con un Estado fuerte que la gestione, controle, promueva y practique) sino también reinterpretar el Día de la Agricultura en función de la nueva Argentina que asoma.

En vez de interpretaciones ajenas, qué bueno sería que de ahora en adelante el 8 de septiembre conmemore el día en que pudimos democratizar una muy pequeña porción de la tierra apta para la agricultura, ¿no? Porque la democratización de la tierra es el único instrumento para la potenciación exponencial de la producción, la industrialización y la modernización del universo rural argentino. Por lo pronto, bienvenida otra interpretación del Día de la Agricultura, y ¡viva una agricultura con agricultores! ¡Viva el Estado en la agricultura! y ¡Viva la democratización de la tierra!

* Director del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas (clicet)
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