Por Eduardo Anguita

La decisión de Felipe Solá bajo la sombra de Duhalde

Buenos Aires Económico / 
13.02.2009 | 04.44 Comentar   |   FacebookTwitter

Eduardo Anguita
Felipe Solá salió de paseo por las radios. Ayer, entre tantas cosas, aseguró que “la gente necesita ver opciones sólidas”. No dudó en incluir entre ellas a la alianza que anunció junto a Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Porque, según el diputado, es un encuentro con “la expresión de una Argentina moderna”. No queda claro si su acercamiento a dos empresarios que saltaron a la política gracias a las fortunas familiares tiene algo de moderno o, apenas, se trata de una frase al uso de las campañas electorales. Pero hay dos argumentos para descreer de que Solá se conforme con frases al aire para calentar la campaña.
Primero, porque lleva más de dos décadas en la función pública y cuatro campañas electorales fuertes: en 1991, para diputado nacional; en 1999 acompañando a Carlos Ruckauf para gobernar la provincia de Buenos Aires; en el 2003 para gobernador, y, por último, en el 2007 como cabeza de diputados bonaerenses por el Frente para la Victoria.
Segundo, porque a Solá se le puede criticar la soberbia, pero nunca la necedad; es, a todas luces, un hombre inteligente.
En su desayuno de ayer con Magdalena Ruiz Guiñazú dijo que Néstor Kirchner fue “mal pagador”. Se refería a que si alguno de los dos estaba en deuda era Kirchner y no él. En alusión, claro está, a que había accedido a encabezar la lista de diputados a pedido del ex presidente. Dijo que, en todo caso, era “una deuda que no va a reclamar”.
Solá jugó, siendo joven, un papel activo en la Renovación Peronista, pero antes de eso había vivido los años ’70 con las alternativas de cualquier militante de la época. Tiene, en la génesis de su formación política, la cultura de los proyectos colectivos antes que las alegrías o desvelos efímeros de los cargos o los lugares de poder. Desde ya, no es el único que cambia la sintaxis de lo colectivo por lo individual, pero es, dentro de las primeras líneas de la política, el que apostó más fuerte a confrontar con el kirchnerismo, del que fue un aliado fuerte.
Es decir, el ahora aliado de Macri, fue parte de un proyecto que, más allá de los aciertos o errores que él le pueda adjudicar a Kirchner, fue una contracara de los ’90. En estos últimos años Solá fue un decidido defensor de los juicios contra los represores, integró a dirigentes de los movimientos sociales a su gabinete y llegó a colocar a Julio Urien, un militante de los ’70, al frente de los Astilleros Río Santiago.
Hay que decirlo: jamás negó su diálogo con sectores de la derecha. Por caso, con el ultraconservador obispo platense Héctor Aguer, pero no por eso dejó de ser amigo del ex ministro de Salud Ginés González García, a quien otro obispo, Antonio Baseotto, amigo de Aguer, quería tirar al mar por sus posiciones respecto de la salud reproductiva. Eso, en todo caso, le suma dotes de político negociador o conciliador. Pero una cosa es ser tolerante y otra muy distinta es saltar a otro espacio completamente diferente.
Es difícil conformarse con que Solá se posicionó junto a De Narváez y Macri por despecho con Kirchner.

DUHALDE, SIEMPRE DUHALDE. El arquitecto de esta entente de la derecha en la cual Solá parece moverse con toda soltura es Eduardo Duhalde, quien quiere recuperar, por lo menos, el control de la provincia de Buenos Aires. Está claro que Solá tuvo la precaución de no profundizar las investigaciones respecto de los desfalcos en el Banco Provincia de Buenos Aires.
Entre los tantos que todavía esperan están los negocios del empresario duhaldista Victorio Gualtieri, que continuaron después de la salida de Duhalde al frente de la gobernación. Si bien la constructora existía desde 1983, el emporio pasó de un patrimonio de $3 millones en 1991 a unos $200 millones siete años después. Claro, el 70% de su actividad eran obras públicas, pero se daba el lujo de no pagar impuestos a las Ganancias y a los Bienes Personales, debido a la protección que tenía.
En febrero del 2001, cuando los destinos de la provincia y por ende del Banco Provincia estaban en manos de Ruckauf (ahora también subido al carro de De Narváez pero, según dice, distante de Solá) Gualtieri entró en convocatoria de acreedores debido al incumplimiento de sus responsabilidades frente a los créditos que le fueran otorgados a sus empresas. El mismo Gualtieri reconoció que al momento del concurso de acreedores, la deuda ascendía a $107 millones. Apenas tres meses antes de la debacle nacional de fines del 2001, el entonces presidente del Banco Provincia Ricardo Gutiérrez le volvía a dar créditos a empresas controladas por Gualtieri, según denunció el entonces diputado provincial Alejandro Mosquera, quien cifraba los créditos irregulares en $80 millones.
No estaría mal que al calor de la campaña y los desayunos en las radios empiecen a surgir algunas preguntas que todavía esperan respuestas.
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