Lorena Romanin y Sofía Wilhelmi
Todo juntas
Foto: Ezequiel TorresSociedad /
Escribieron y protagonizan Plan V, una tira que se emite por Internet. Y acaban de formalizar su relación a través de la unión civil. Beneficios y desventajas de compartir casa y trabajo. Visibilidad y prejuicios.
Por Leandro Filozof
"Hicimos Plan V porque es algo que nos gusta y además, porque no había una serie gay”, explica Lorena Romanin, una de las autoras de la primera serie argentina de temática lésbica, que se transmite por Internet desde el 30 de marzo pasado. En Plan V (de vagina, pero también porque “ser lesbiana no es el plan A ni el B”, según cuentan), Romanin interpreta a Ana, una treintañera que se enamora a primera vista de una chica –Laura– que conoce en el subte, sin saber que ella es la novia de su hermano. El papel de Laura lo hace Sofía Wilhelmi, autora del guión junto a Romanin y además, su pareja, con papeles y todo.
Dividida en once capítulos de diez minutos –que estrenan los lunes en planvlaserie.com.ar y mixplay.tv–, la serie es una comedia romántica que juega con los distintos estereotipos y prejuicios sobre las lesbianas. “Mostrarlo hace que la gente esté más familiarizada. Cuando yo estaba replanteándome mi sexualidad, la imagen que yo tenía de una lesbiana no era lo que quería ser”, cree Lorena. “No todas las lesbianas son iguales: ese es uno de los prejuicios que intentamos romper –agrega Sofía–. Hay muchos estilos de lesbiana y sobre cada uno de ellos hay un montón de prejuicios. Nosotras, por ejemplo, somos pareja y no somos la típica mina de pelo corto. Lo que queremos es reírnos un poco de eso y al mismo tiempo hacernos cargo y decir ‘no está bueno tener prejuicios de nada’, incluso dentro del mundo de las lesbianas. Mostrar eso también hace que la gente esté más familiarizada.”
Uno de los riesgos que corre la serie es que la temática limite el público. “Nuestra intención es que llegue a la mayor cantidad de gente posible. Al ser una comedia romántica, es posible que la gente heterosexual se enganche y le divierta –dice Lorena–. Igual, nosotras les tenemos más miedo a las lesbianas radicalizadas que al público en general.” Maruja Bustamante, la directora, coincide: “Las lesbianas se pueden sentir más parte y empezar a criticar. El miedo es que no puedan reconocer que la serie es un avance”.
Hace casi tres años que Lorena y Sofía están en pareja. El 4 de marzo pasado formalizaron su
relación mediante una unión civil. Si bien la ley reconoce algunos derechos –como compartir la obra social o solicitar créditos en conjunto–, está lejos de ponerlas en pie de igualdad con un matrimonio heterosexual. “Cuando fuimos a pedir el turno en el registro civil, nos dijeron: ‘Esto no significa que dejen de ser solteras’ –cuenta Sofía–. Si bien es real, no me gustó. Me parece mal que no podamos ser casadas. No tenemos derecho a bienes, a heredar. Si llegamos a tener un hijo que sale de la panza de Lorena y ella se muere, yo no tendría ningún derecho: para la ley, el nene sería un extraño para mí.” “Y es importante darle visibilidad –agrega Lorena–. Hay un montón de madres lesbianas que tienen hijos, pero nadie lo sabe. Sin darnos cuenta, casarnos fue algo superpolítico, y más al hacer la serie.”
De cualquier manera, admiten que “en Buenos Aires no estamos tan mal, es una burbuja dentro del país”, aunque “a una parte de la sociedad le sigue pareciendo raro”.
Pero ellas notan un avance: “Cuando empezamos a salir, hace casi tres años, yo sentía que si íbamos de la mano o nos dábamos un beso en la calle, la gente miraba. Ahora no. Y yo soy expresiva, no voy como si ella fuera mi amiga”, aclara Sofía.
Maruja Bustamante, la directora de Plan V, cuenta que “Internet fue la decisión inicial para hacer algo chico, que pudiésemos asir. Pero además porque podés hablar de lo que se te canta, como se te canta: tiene esa apertura. Y también, porque es un proyecto independiente. Si no, lo haría Carolina Papaleo y sería otra cosa, totalmente horrible”.
El proyecto fue llevado a cabo sin financiación y ponerlo en práctica no fue fácil. “Fueron dos meses y medio haciendo malabares –cuenta Maruja–. Organizamos fiestas para bancar la producción y al día siguiente grabábamos a las 8 de la mañana. Nos prestaron El Cubo. Casa Brandon nos dejó grabar las escenas de boliche. También usamos casas de la gente que participa y de amigos. Hasta un sex shop nos dejó filmar.” Otra de las dificultades con que se encontraron fue la difusión. “Si vas a un diario y le decís que tenés una serie de Internet, no entra en televisión, no entra en espectáculos: no hay nada que la contenga. Todos los miembros del equipo firmamos blogs, como trabajo de hormiga para ir captando gente. Así se enteraron en México, Chile o España, de donde nos llamaron para participar del Idem, Festival Internacional de cine Gay-Lésbico de Andalucía.”
En el mundo existen algunas series de temática lésbica que crecieron en popularidad en los últimos años. Una de ellas es Sugar Rush, aunque la más popular en la Argentina es The L World, transmitida por Warner, que empezó con un pequeño recuadro publicitario en la revista de Cablevisión y hoy tiene un cartel gigante en Juan B. Justo y Córdoba. Además, hay otras producciones independientes transmitidas por Internet, como Chica que busca chica y Apple, ambas españolas. Sin embargo, en los canales de aire argentinos no hay lesbianas protagonistas.
“La lesbiana es menos visible que el gay. Series como The L World ayudaron, porque daban otra imagen sobre nosotras. Mucha gente se animó, las chicas se están mostrando más”, dice Sofía.
“Hay una mirada de los que escriben en televisión que es más masculina. No me quiero poner feminista, pero las veces que aparecen relaciones lésbicas parecen porno, como una cosa hot: el vínculo no está. Y cuando muestran al gay, es en base al estereotipo divertido, que hace chistes y afeminado. Y eso es un prejuicio también”, comenta Maruja.
A pesar de que el formato de la serie es para Internet, las chicas no descartan la posibilidad de ampliarlo. “Necesitamos un productor o productora con plata. Internet se puede mostrar y llega a un montón de público, pero todavía no es redituable –dice Sofía–. Una marca todavía no se quiere vincular con un producto gay. Nos gustaría hacer una segunda temporada, pero que resulte un poco más fácil.”
En el último mes se casaron y estrenaron proyecto. Y sufrieron las consecuencias de compartir el hogar y el trabajo. “Es difícil estar todo el día juntas haciendo todo”, reconoce Sofía. “Yo me enojaba y, antes de gritarle a cualquiera, me la agarraba con ella. Y no estaba bueno”, confiesa Lorena. Pero ambas coinciden: “Igual, nos llevamos increíble, mejor que otras parejas que ni siquiera trabajan juntas”.
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