Honduras
Bananas y pijamas
Foto: AFPMundo /
Desde Obama hasta Chávez reclaman la restitución del presidente hondureño Manuel Zelaya. Los dirigentes de derecha, los militares y la Iglesia Católica del país defienden el golpe y aseguran que resistirán. Un futuro incierto de esta nación exportadora de bananas.
Por Alfredo Grieco y Bavio
Pinocheletti”. Así injurian las pintadas en las calles de la capital Tegucigalpa al nuevo presidente de facto, Roberto Micheletti. En verdad, poco se parece al golpe chileno de 1973 la deposición del presidente electo de Honduras Manuel Zelaya. Tal vez el signo más claro sea que los partidarios perseguidos del presidente derrocado buscaron, y consiguieron, asilo en la embajada norteamericana, que junto con la CIA fue la mayor responsable de la caída del socialismo chileno. La ONU, la OEA y el ALBA condenaron el golpe. Hoy la Washington de Barack Obama y la Caracas de Hugo Chávez se dividen las iniciativas diplomáticas para restaurar el orden constitucional en la nación centroamericana, cuyo gobierno, en otra paradoja de este golpe, se declara de un legalismo extremo y defensor de la Constitución.
El modus operandi elegido por las fuerzas armadas de esta nación exportadora de bananas sí pudo recordar a muchos las filmaciones en blanco y negro de los golpes latinoamericanos de la década de 1970. En la noche del sábado, forzaron la residencia presidencial, arrebataron de la cama al presidente constitucional Manuel Zelaya, lo subieron al avión presidencial, sin apagar los motores lo dejaron en pijamas sobre el asfalto del aeropuerto de San José de Costa Rica. Sin cubrirse, al poco tiempo Zelaya daba una conferencia de prensa flanqueado por el presidente costarricense Óscar Arias, en el que denunciaba su derrocamiento, y ganaba un rápido apoyo internacional.
El porqué del golpe nocturno debe buscarse en una consulta popular no vinculante que el presidente había organizado para el domingo. La Corte Suprema y el Congreso unicameral habían condenado esta iniciativa del Ejecutivo. Por ella, Zelaya quería saber qué porcentaje de la población estaría de acuerdo con que en las próximas elecciones se planteara la posibilidad de una reforma constitucional. Como en Venezuela, la tarea central para la nueva constituyente, al menos según la opinión de los opositores, sería la reelección presidencial. Como la mexicana, la Carta Magna hondureña es muy rígida en este punto: la reelección está prohibida, sea en períodos consecutivos o alternos. Sin una reforma, Zelaya no podría volver a ser presidente nunca más.
Llegado al poder en elecciones democráticas como líder de un partido de derecha, Zelaya giró su línea durante su mandato, y finalizó ingresando a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), grupo de países con gobiernos de izquierda, entre ellos Venezuela, Cuba y Nicaragua. En la multitudinaria manifestación que realizaron el martes sus detractores en Tegucigalpa, abundaron los gritos de “¡Que no vuelva, que no vuelva!” y los vítores al jefe del Estado Mayor Conjunto, Romeo Vásquez, a quien Zelaya había buscado destituir por resistirse a distribuir el material electoral de su consulta popular sobre la reforma. El Congreso votó unánime la destitución de Zelaya y la Corte Suprema declaró la absoluta legalidad de todas las medidas. Las iglesias apoyaron a los golpistas. La Iglesia Católica hondureña se cuenta entre las más conservadoras del mundo, y el cardenal arzobispo de Tegucigalpa ha sido mencionado como candidato al papado.
Si la sociedad hondureña está dividida sobre el golpe, no parece ocurrir lo mismo con la opinión internacional. Bloqueos de créditos, cortes de Estados Unidos en la cooperación militar y un úkase de la OEA reforzaron el miércoles el aislamiento de Honduras, cuyo gobierno pidió la captura internacional de Zelaya ante la eventualidad de que intente regresar. Washington dio un paso adelante en su presión al suspender sus “actividades militares con las fuerzas armadas de Honduras el tiempo necesario para estudiar la situación”. Así lo dijo el portavoz del Pentágono, Bryan Whitman.
A la quita de colaboración militar se añadió la económica. “El Banco Mundial decidió hacer una pausa en sus préstamos (a Honduras) hasta que se encuentre una solución a la crisis actual”, según indicó a las agencias su portavoz, Sergio Jellinek. El BM financia 16 proyectos en Honduras, y hay desembolsos pendientes por 270 millones de dólares, precisó. Todas estas medidas se conocieron poco después de que la Organización de Estados Americanos diera un ultimátum de 72 horas a Honduras para “la restauración inmediata, segura e incondicional del presidente a sus funciones”.
Frente a esta resolución de toda América, Zelaya resolvió postergar por 72 horas su anunciado intento de regreso a Tegucigalpa, previsto en principio para el jueves, en el que iba a ser acompañado por funcionarios de la OEA y presidentes latinoamericanos, en una comitiva que integraban el ecuatoriano Rafael Correa y la argentina Cristina Fernández de Kirchner. El líder bolivariano Hugo Chávez dedicó su programa en vivo del domingo, Aló Presidente, a la defensa del constitucionalismo reformista hondureño. Inmortalizó al presidente de facto como “Goriletti”, y mencionó la opción militar como solución del conflicto institucional. Desde Tegucigalpa, Micheletti le respondió que esperaba la invasión, y que los hondureños eran siete millones de soldados n y
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