Iinfluenza A

La gripe del pánico

02.07.2009 | 19.16 Comentar   |   FacebookTwitter

El ingreso al Hospital Muñiz, centro especializado en enfermedades infecciosas, con un nuevo matiz, los barbijos en el personal.
Sociedad /  La falta de información y las medidas contradictorias alimentan la histeria de la población ante un virus que afecta a pobres y ricos. ¿Se tardó en decretar la emergencia sanitaria? Cómo protegerse. 
Por Equipo de Sociedad

Las reglas de cortesía parecen haber cambiado: cuando alguien estornuda, no solamente se lo mira con recelo y desconfianza, sino que ya no se le dice: “¡Salud!”, sino que se le pregunta: “¿Tenés gripe?”. Pero no sólo las costumbres sociales se transforman. Fruto de la alarma generalizada y una angustia social como no se veía desde la última epidemia de polio (en 1956), se cierran universidades y escuelas, se implementa el trabajo domiciliario, se extienden las vacaciones de invierno, se suspenden los Martín Fierro, la Feria del Libro Infantil o las carreras del TC 2000 y se dictan licencias especiales para embarazadas, entre otras regulaciones decididas por el gobierno nacional o las empresas para evitar la propagación de la gripe A/H1N1.

Está cambiando el paisaje local. Alrededor de 1.600 infectados y 45 muertos convierten a la Argentina en el país con la proporción más alta entre enfermos y fallecidos en todo el mundo. La alarma social está justificada: la gripe A, que había llegado a la Argentina a fines de abril, se encuentra en estos momentos en un ciclo de plena expansión. Y según todas las estimaciones, en los próximos quince días se vivirá el pico máximo de la epidemia, tal como todos los años con la gripe estacional. Los ciudadanos deambulan entre las advertencias oficiales, las medidas contradictorias y un sistema hospitalario colapsado. En ese marco, ¿alcanzan las medidas anunciadas?

El lunes que siguió a las elecciones –una votación que, al reunir en las urnas a casi toda la población adulta del país, se señaló como un foco activo de la infección–, el Gobierno de la Ciudad y el de la provincia de Buenos Aires decretaron la emergencia sanitaria. Una herramienta que, según los expertos, debería haberse instaurado con mayor anticipación para no permitir semejante expansión del virus. La emergencia –que se dictó en los dos distritos más afectados– permite la implementación de medidas administrativas, tecnológicas y sociales para prevenir el desarrollo de la enfermedad. La compra directa de elementos sanitarios, el reforzamiento de las partidas presupuestarias destinadas al área de salud, la realización de campañas de concientización, son algunos de los ejes del estado de excepción aprobado por estos gobiernos. Sin embargo, Néstor Pérez Baliño, jefe de gabinete del Ministerio de Salud macrista, admitió que no se habían realizado campañas previas porque “no sabíamos qué decirle a la gente”. Mientras tanto, Horacio Rodríguez Larreta, mano derecha de Macri, y Daniel Chaín, ministro de Desarrollo Urbano porteño, confirmaron que portan el virus. En las antípodas, el piquetero Raúl Castells también está internado con síntomas de gripe A.

Este miércoles, el tucumano Juan Mansur, nuevo ministro de Salud (que, pese a sus propios consejos a la ciudadanía acerca de evitar aglomeraciones, festejó su asunción en un acto poblado de funcionarios, compañeros y amigos, entre abrazos y besos de felicitación), informó una serie de medidas de alcance nacional. Se aportarán mil millones de pesos adicionales para enfrentar la gripe A, se decretó la licencia para las mujeres embarazadas y el gobierno nacional decidió pagar los costos de las internaciones y servicios que se realicen en clínicas privadas, si es que no pueden ser atendidos en hospitales públicos. Esta última medida revela que el sistema sanitario se encuentra colapsado por la gran cantidad de personas que concurren a consultas relacionadas con la gripe.

Pasillos repletos, personal con barbijos, internaciones realizadas en camillas, son corrientes durante estos días. Los médicos jubilados fueron rematriculados para incorporarse al servicio, a la vez que cirujanos, ortopedistas y otros médicos especializados volvieron a calzarse el estetoscopio para diagnosticar los síntomas de la gripe. También se analiza que los estudiantes de los últimos años de la carrera de Medicina se sumen a la lucha contra la influenza A.

Para la enfermedad, no hay barreras de clase, color, religión ni nada. Todas las personas son posibles víctimas de la gripe A, que se propaga como la gripe común y tiene síntomas parecidos. La influenza A infecta tanto a los chicos de la villa como a las estrellas de la farándula. En una medida también tomada por otras 18 provincias, Buenos Aires y la Capital decidieron adelantar las vacaciones de invierno para que la población de menor edad no frecuente las escuelas, lugares de circulación y expansión de la enfermedad. Alrededor de diez millones de chicos no asistirán a clases desde el lunes. Pero dos inquietudes perturban a los padres de estos alumnos: cómo conjugarán el cuidado de sus hijos mientras permanecen en el trabajo, ya que la contratación de baby sitters es una posibilidad a la que no acceden todos. Por otro lado, los alumnos no se reunirán en las aulas, pero seguirán abiertos shoppings, cibers, boliches y McDonald’s donde juntarse.

En otros países se actuó de manera diferente. En México –el país desde donde se esparció el virus– se prohibieron todo tipo de reuniones masivas: desde restaurantes e iglesias, pasando por cines y estadios de fútbol, hasta discotecas y recitales. En las calles porteñas el fantasma del cierre total de lugares de circulación masiva es una de las inquietudes más repetidas. Los centros comerciales se encuentran vacíos a pesar de los descuentos del treinta y hasta el cincuenta por ciento que ofrecen las grandes marcas para paliar la merma de su clientela. Las boleterías de los teatros no paran de recibir devoluciones de las entradas compradas por anticipado. “La ausencia de la gente es notoria –admite el empresario teatral Carlos Rottemberg–. En la taquilla, julio es nuestro mejor mes, pero ahora se devuelven las entradas. Los espectáculos para chicos siguen en cartel, pero puede cambiar. Aceptaremos las políticas sanitarias que se decidan.” Los restaurantes comprueban menos comensales, mientras que las cadenas de hotelería se preparan para enfrentar la previsible disminución del flujo turístico hacia el país. “Fruto de la disminución de turistas, van a quebrar hoteles, muchos van a cerrar –se lamenta Oscar Ghezzi, presidente de la Federación Hotelera–. Ya hubo proyectos que, debido a la crisis, se suspendieron. Esto empeora todo.”

Las medidas gubernamentales no implican la obligación de cierre de estos lugares de concurrencia masiva, aunque algunas personas señalen que, ante la llegada del momento pico de contagio de la gripe, es necesario tomar esa decisión.

“Estamos colapsados por la cantidad de pacientes, no nos alcanzan los respiradores, es una situación repetida en todos los hospitales –cuenta Jorge Lekovic, jefe del servicio de emergencias del hospital de Wilde, en Avellaneda–. Debemos tomar medidas drásticas. Hay que prohibir los lugares de concurrencia masiva, incluso estudiar cómo se disminuye la actividad laboral: si hay empresas de más de mil operarios, ¿de qué otra manera se podría evitar el contagio?”

Sin embargo, existen posiciones que señalan la ineficacia de un cierre total de actividades, además de las consecuencias catastróficas que tal medida tendría para la economía nacional –en México aún se sienten los rigores que provocaron 17 días de paralización de este tipo de eventos–. Los promotores de la medida en el país azteca señalan que actuaron de esa manera ya que lo desconocían todo respecto de la enfermedad. En cambio, hoy existe un protocolo sobre la pandemia discutido en el seno de la Organización Mundial de la Salud. En Chile, donde el virus llegó al mismo tiempo que en la Argentina, la emergencia sanitaria fue implementada de inmediato y se comenzó a tratar a las personas que manifestaban síntomas de gripe tal como si los hubiera contagiado la gripe A. Esa medida permitió que, a pesar del alto número de contagiados, más de 7.300, haya habido quince muertes, una cifra sensiblemente inferior a la de nuestro país. En la Argentina se suministra Tamiflu, la droga utilizada para combatir la gripe A, a todos los pacientes con sintomatología gripal recién desde el lunes, cuando se aprobó la esperada emergencia sanitaria.

Por caso, Soledad Silveyra comenzó a tomar la droga sin que esté confirmada la enfermedad.
“Las medidas que implementó el Gobierno son las que corresponden a este momento de la epidemia –asegura Daniel Stamboulian, uno de los infectólogos más prestigiosos de la Nación–. Estamos a punto de experimentar las dos o tres semanas de mayor actividad del virus. Es necesario que los enfermos se queden en su casa, que se aíslen del resto. Todo enfermo de gripe, sea o no H1N1, deberá comenzar con la medicación correspondiente a esta enfermedad. Estamos frente a un virus muy dinámico, que puede a afectar al 30 por ciento de la población, y debemos estar preparados para enfrentarlo.” Marcelo Blumenfeld, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, calcula: “En Estados Unidos, los casos comprobados llegan a 30 mil infectados, pero se estima que la cifra real de enfermos se acerca al millón de personas. En el país, hay alrededor de 1.500 casos comprobados a través de laboratorio. Una proyección basada en la experiencia norteamericana indica que podrían existir entre 30 mil y 50 mil enfermos”.

Los expertos coinciden en que las medidas drásticas para enfrentar la epidemia deberían haber llegado antes. Incluso, la emergencia sanitaria estuvo a punto de votarse en el peor momento del dengue, pero una orden del Ejecutivo detuvo su aprobación. Se esperó a que pasaran las elecciones en busca de un mejor momento político que, como se percibe, no maneja los mismos tiempos que las necesidades de la salud.

“Hay que destacar que la emergencia sanitaria debería haberse declarado con mucha anterioridad –denuncia el sanitarista Edgardo Trivissono–. Hoy estamos frente a una situación de emergencia de facto. En Chile, México, Costa Rica, Paraguay, decretaron la medida cuando tuvieron los primeros casos. El retraso le costó el cargo a Graciela Ocaña”. Trivissono destaca una diferencia sustancial con el caso mexicano: “Allá la gripe se expandió en primavera, cuando el calor ayuda a mitigar el virus. En cambio, nosotros la vivimos en invierno, la mejor época para el desarrollo del virus. Por el momento, el cierre de escuelas es suficiente como medida de control social. De acuerdo a cómo se desarrolle la epidemia en el país, se podrá determinar la paralización total de las actividades. Sin embargo, habrá que tener en cuenta que la decisión podría implicar dos meses de duración y habría que analizar las consecuencias”.

–¿Por qué se produce en el país esa proporción tan alta entre infectados y muertos?

–Nuestro país tiene un deterioro de los servicios de salud impresionante, hay 15 millones de pobres, 4 millones en la indigencia, 20 millones que no tienen cobertura de salud. Esas son las causas.


El miedo se apoderó de la población, y con sobrados motivos. Sin embargo, sólo una acción responsable que excluya a la paranoia como norma del comportamiento ayudará a enfrentar con éxito esta epidemia. Las medidas de gobierno están en marcha en un país estructuralmente precario en cuanto al aspecto sanitario.

Un doble desafío, entonces, se presenta en la puerta de los hogares de todos los argentinos. Hay que pasar el invierno, decía un antiguo personaje con diferentes motivaciones. Hoy la consigna vuelve a resurgir. Sin embargo, esta vez se pone mucho más en juego.

Se trata de la salud de la Nación. Ni más, ni menos.
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