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Jiang lái (China es el futuro)

15.07.2009 | 19.29 Comentar   |   FacebookTwitter

Foto: Veintitres.
Sociedad /  Más de tres mil personas estudian chino en la Argentina. El furor por aprender la lengua continúa en crecimiento. Quiénes y por qué lo eligen. El rol de las universidades. El intercambio cultural con una civilización milenaria.
Por Esteban Kraizer 

Se siente en el ambiente y desde todos lados se afirma sin ningún tipo de dudas: China es el futuro (Jiang lái). ¡Qué paradoja que esa promesa expectante involucre, justamente, a una de las civilizaciones más antiguas del universo! El crecimiento arrollador de la economía de ese país durante los últimos diez años amenaza la hegemonía de las principales potencias occidentales y todos los gobiernos del mundo la tienen en su mira para cerrar negocios diversos. Y no es para menos, si hasta la inauguración de los Juegos Olímpicos del año pasado, en Beijing, fue una formidable demostración de fuerza. Los ojos del universo se escapan lentamente de Norteamérica y apuntan hacia Oriente. En ese marco y como oportunidad sin igual, muchos argentinos se volcaron en centros universitarios o talleres al estudio de un idioma que, a priori, se presenta extraño ante los hispanoparlantes; y se editan manuales que involucran a América latina en el desenfreno por la lengua china.

“Sabemos que en los próximos años China será el referente indiscutido en términos económicos y si bien su crecimiento no es imperialista en el sentido clásico, la presencia de capitales chinos va a ser cada vez mayor en Latinoamérica”, reflexiona Roberto Villarruel, director del Centro Universitario de Idiomas (CUI), que junto a las facultades de Agronomía y de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, desarrolló el programa más ambicioso de enseñanza de chino en la Argentina.

La mayoría de los jóvenes que estudian en el CUI reconocen la motivación estratégica, pero aportan otros atractivos del milenario idioma. Sebastián Vitali, de 32 años, lleva varios años estudiando los miles de dibujos que componen el lenguaje y sostiene que “además de las oportunidades que brinda el desarrollo de China, aprender el idioma es una buena forma de acercar una cultura milenaria con un país muy joven, como el nuestro”. Su compañera de curso, María Victoria Tuya (de 43 años), refuerza esta idea: “El chino representa muchos desafíos interesantes, porque además de ser un lenguaje diferente, tiene detrás toda la historia y la cultura que son riquísimas”. Otros muchos se acercaron a la cultura de Oriente por el desarrollo de las ciencias, la filosofía, las terapias y las artes marciales. “Lo oriental está de moda. En algunos ámbitos lo chino es cool”, describe Vitali, quien obtuvo una beca para profundizar sus estudios en China a fines de este año.

Solamente en Buenos Aires hay más de mil quinientas personas estudiando este idioma en institutos, y otros tantos que lo aprenden en ámbitos laborales. Según relata la profesora Silvia Abollo –coautora, junto a Ping Hui Ho, del manual América Latina Habla Chino, que va por su segunda edición–, el furor comenzó en 2004 “con la visita del presidente chino y los anuncios del gobierno argentino sobre inversiones millonarias y alianzas comerciales. Despertó un furor sostenido. Antes de ese año, el chino era una rareza”.

Estudiantes y profesores coinciden en las oportunidades y desafíos cognitivos e intelectuales del aprendizaje de un lenguaje con características diferentes a los más difundidos entre los hispanohablantes, pero también reconocen las complicaciones a la hora de escribir y hablar el llamado chino mandarín. “A los que tienen como lengua principal el español se les dificulta la pronunciación, porque es un idioma tonal. Una misma frase puede tener cinco maneras diferentes de pronunciarse y significar cosas distintas”, aporta la profesora Ping Hui Ho. Y si se logra resolver este problema, aparecen esos dibujos indescifrables que conforman la vasta escritura china, los mismos que decoran las marquesinas de decenas de supermercados y restaurantes. “La escritura es logográfica, son caracteres y cada uno puede tener más de un significado. Un chino adulto promedio puede saber entre cinco y diez mil caracteres de acuerdo con su cultura, y un estudiante avanzado apenas conoce mil”, aclara Sebastián Vitali.

De todas maneras, hay coincidencia en la idea de que aprender chino no es una misión imposible. Vitali admite que estudia casi tres horas diarias y que se precisa mucho esfuerzo para desarrollar un buen lenguaje. “A veces estoy tan concentrado que para no distraerme voy al baño con el manual de chino”, confiesa el muchacho, para la risa de todos los presentes.

Si queda claro por qué los argentinos estudian chino, también hay explicaciones de por qué a China le interesa hacer pie en el Cono Sur. “Ven en nuestro país una puerta de entrada para Latinoamérica por la influencia de la producción cultural argentina en toda la región. También conocen la calidad y masividad de nuestras universidades, fundamentalmente la UBA, y además reaccionan ante la gran demanda e interés que hay entre los jóvenes argentinos”, sostiene Villarruel.

El pasado no está en cuestión, el presente es indiscutible y el futuro pareciera estar de su lado. China quiere dejar de ser “distinto” para Occidente y camina a paso lento y firme por la senda de los grandes imperios de la historia. Mientras tanto, los países que bailan al compás de las potencias se preguntan si es hora de cambiar las hamburguesas y el shopping por el arroz y el kung fu. Zou zhe qiáo (ya veremos).
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