Rosendo Fraga De la elección del 28 de junio, Julio Cobos emerge como el presidenciable más fortalecido en las fuerzas no peronistas y Carlos Reutemann en el justicialismo. Ambos muestran tres coincidencias: ideológicamente son de centro, tienen un estilo político moderado y, además, mantienen buena relación con el campo. Los dos se distanciaron de Néstor Kirchner durante el conflicto con este sector. El hecho de que los dos presidenciables mejor posicionados tengan estas tres características muestra que la ola electoral contra el oficialismo —que hasta lo derrotó en Santa Cruz— es el reflejo de una vocación de cambio en la sociedad. Es que estos tres rasgos los muestran como “anti-Kirchner” en ideología, estilo y personalidad.
En el caso de Reutemann, además de haber ganado en Santa Fe, es el candidato del PJ con el cual este partido puede realizar la mejor elección presidencial posible, por la sencilla razón de que es el justicialista más votado por los no-peronistas. Tiene el voto del campo —que en esta elección mostró que se transformó en decisivo—, es bien visto por los sectores medios y hasta puede ser votado por la centroderecha. Además, y quizá lo más importante, es el candidato con el cual el peronismo se despega de Kirchner en forma menos traumática.
Esta fuerza política suele tener la oferta para la demanda. Cuando la sociedad giraba hacia la centroderecha, propuso a Carlos Menem, y cuando viró en la dirección contraria, hacia la centroizquierda, tuvo a Kirchner.
Esta flexibilidad del PJ, que le permite girar en lo ideológico, se repite ahora con la propuesta de que Reutemann sea el candidato presidencial del partido.
Para los gobernadores y los intendentes justicialistas, llevar el candidato presidencial que obtiene más votos es la mejor forma de conseguirlos en sus distritos, y de ahí la preferencia que comienzan a demostrar por él.
El peronismo se reagrupa y cambia rápidamente, y en esto tiene una clara ventaja sobre el no-peronismo, que hoy debe resolver el retorno a la UCR de figuras tan disímiles como Elisa Carrió, Cobos y Ricardo López Murphy, y además cerrar alianzas con fuerzas extrapartidarias, como el Socialismo e incluso con algunos partidos de centroderecha.
Para algunos sectores, Reutemann genera interrogantes. El primero es si tiene una verdadera vocación por llegar al poder, dado que en 2002 renunció a ser el candidato presidencial impulsado por el entonces presidente Eduardo Duhalde.
El ex gobernador de Santa Fe suele decir que por entonces percibía que la sociedad iba hacia la centroizquierda, posición en la cual él no se encuentra, y que en cambio ahora, al buscar el centro ideológico y la moderación política, su figura coincide con lo que busca la gente. Argumenta, por otro lado, que ahora la aceptaría, exabruptos al margen.
Pero también cabe conjeturar que más de una vez durante los últimos seis años, Reutemann puede haber pensado que cometió un error al negarse a ser presidente en 2002, ya que cualquiera que hubiera sido electo gozaba de una bonanza económica sin precedentes tras la peor crisis socioeconómica vivida por el país.
El segundo interrogante es si podrá tener gobernabilidad alguien que no es un caudillo clásico, como a su manera lo fueron Menem y Kirchner, las dos figuras que retuvieron el poder durante más tiempo en la Argentina de las últimas décadas. A su favor juega el hecho de que es justicialista, y quienes militan en esta fuerza tienen a su favor su pragmatismo, flexibilidad y aptitud para el manejo del poder. Además, fue gobernador de Santa Fe durante dos períodos, y dirigir esta provincia es hacerlo en una muestra en pequeño del promedio de lo que es la complejidad de la Argentina.
Es que gobernar Capital Federal, Santa Cruz o La Rioja son situaciones muy específicas que no tienen una referencia real con el promedio del país. En cambio Santa Fe, que es un 9 por ciento de la población y algo más en PBI, tiene una industria importante, a la vez que el campo resulta fundamental para la provincia, el cordón de villas del Gran Rosario en proporción es aún mayor que el del Conurbano bonaerense y además el poder político debe ser compartido.
En este marco, si bien falta un año y medio para la definición formal de las candidaturas, la elección dejó a Reutemann como el candidato justicialista que emerge con más probabilidades.
El pase al kirchnerismo de su principal aliada política, la senadora Roxana Latorre, que acaba de ser reelecta junto a él, si bien en mi opinión no plantea dudas sobre el antikirchnerismo de Reutemann, sí lo hace sobre su capacidad de conducción política.
A ello se agregaron sus declaraciones ambiguas sobre la eventual candidatura de Duhalde. Aunque el senador respondió con una ironía a las presiones del ex presidente para que definiera su candidatura, dejó sembrada la duda sobre su vocación. Finalmente, Reutemann perdió la paciencia frente a los ataques de Latorre y terminó rechazando con malas palabras su eventual candidatura.
¿Puede quien quizás era el político con más posibilidades de ser el próximo presidente haber malogrado su posición? Probablemente tenga todavía una posibilidad de recomponerse. Pero su actitud acentuó los interrogantes sobre su decisión de ser candidato. Por eso, difícilmente sus aspiraciones sobrevivan a un nuevo error.
* Fraga es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.