Por Mac Margolis

La receta Brasil contra la pobreza

Mundo /  En esta crisis financiera global, hacen falta dedicación y un microscopio para encontrar buenas noticias. Sin embargo, una luz esperanzadora empieza a brillar en un rincón inesperado. Una presunción es que un revés económico general es el peor enemigo de los pobres.
22.10.2009 | 16.51 Comentar   |   FacebookTwitter

Mac Margolis
En esta crisis financiera global, hacen falta dedicación y un microscopio para encontrar buenas noticias. Sin embargo, una luz esperanzadora empieza a brillar en un rincón inesperado. Una presunción es que un revés económico general es el peor enemigo de los pobres, quienes, por definición, son el eslabón más débil de toda sociedad. Esto adquiere mayor vigencia en la actual desaceleración económica mundial que, en cuestión de meses, acabó con décadas de ahorros, destruyó empleos y propinó un fuerte golpe al alivio de la pobreza mundial. Pero ahora, Brasil parece desafiar esa  lóbrega regla.

No es que los últimos ahora sean los primeros. Lo que sucede es que la distancia entre el penthouse y el hospicio dejó de ampliarse en una de las sociedades más polarizadas del mundo en desarrollo, y da señales de estar reduciéndose. Los recientes resultados económicos cariocas revelan que, gracias a un mercado interno sorprendentemente flexible y un agresivo gasto guberna- mental para estímulos, los brasileños pobres fueron menos golpeados por la recesión.

Un estudio recién publicado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada va más allá en su aseveración e informa que el Coeficiente de Gini, la escala oficial que califica la brecha del ingreso nacional con un índice de tres cifras (a mayor Coeficiente de Gini, mayor desigualdad), mejoró en Brasil, aun cuando la economía tocaba fondo. Desde junio pasado, en vísperas de la crisis financiera, el Coeficiente de Gini de las principales regiones metropolitanas brasileñas cayó de .544 al actual nivel de .526. Una insignificancia, a no dudar, pero en el país donde las favelas lindan con las mansiones, es un logro significativo.

¿A qué se debe la recuperación de los pobres? Brasilia afirma que el rescate de la economía, particularmente de los más necesitados, es por una mezcla de beneficios fiscales, créditos al consumidor y generosos incrementos en las transferencias de efectivo a los pobres. No obstante, una década de reformas económicas radicales también contribuyó al fenómeno, haciendo que Brasil sorteara la crisis en condiciones muy superiores a las de muchos otros mercados emergentes: con un sólido sistema bancario, baja inflación y una férrea política monetaria que permitió al Gobierno aceitar sus mecanismos económicos con una agresiva reducción de las tasas de préstamo mientras otros países prácticamente regalaban dinero. “Brasil tuvo de dónde echar mano”, sentencia Marcelo Neri, economista de la Fundación Getúlio Vargas, escuela de negocios brasileña.

Experto en políticas sociales, Neri cree que Brasil alcanzó un hito en el combate contra la pobreza. La realidad, dice, es que la desigualdad está en baja desde mediados de los ‘90, cuando el país puso fin a la hiperinflación y empezó a abrir su enclaustrada economía al comercio mundial. Fue así que su letárgica economía comenzó a crecer, con una expansión de un 6 por ciento el año pasado, a un total de US$ 1,5 billones. Entre 2003 y 2009, Brasil creó ocho millones de puestos de trabajo; y una década de transferencias de efectivo a los pobres demostró ser una solución barata y eficaz para ayudar a los más oprimidos, con un gasto inferior a medio punto porcentual del PBI para ayudar a la cuarta parte de los 190 millones de pobres del país.

El resultado final: la brecha entre ricos y pobres se desplomó de un nivel casi equivalente al del continente africano en la década de 1980 al registrado en julio de 2008, cuando su Coeficiente de Gini cayó a .0561: un récord histórico para entonces. En comparación, el Gini de los          EE. UU. oscila alrededor de .380, mientras que el de China es de casi .470. Luego vino la catástrofe y Brasil siguió al resto del mundo hacia la recesión, mientras su sociedad perdía el equilibrio. En enero, el Gini volvió a subir a .577.

La buena noticia es que los pobres ya no siguen a la zaga. “La desigualdad no creció —asegura Neri—, y en el contexto global eso, de por sí, es un resultado excelente”. Durante la mayor parte del siglo XX, esta nación en desarrollo que rendía menos de lo esperado se granjeó la reputación de ser una de las sociedades más escandalosamente sesgadas del planeta. Según contaban, Brasil era dos países en uno: una diminuta y próspera Bélgica rodeada de una extensa y miserable India. Hasta fines del siglo pasado, la brecha del ingreso provocó un escándalo internacional cuando el Gini se disparó a .625, en 1989.

Pero en lo que va de la presente década, el país consiguió que 27 millones de sus pobres escalaran a la clase media. La cifra de habitantes que viven por debajo del nivel de pobreza se precipitó de casi 30 por ciento en 2002, a sólo 19 por ciento en la actualidad.

Todavía no llegó la hora de celebrar con champaña. Los pobres están más próximos a los ricos de Brasil debido, al menos en parte, a que los ricos cayeron de sus encumbradas alturas, y todavía hay muchos peligros que amenazan al país. En vez del típico gasto anticíclico, Brasil está impulsando su economía mediante onerosos incrementos salariales, concesiones e incentivos fiscales, los cuales será imposible revertir y rápidamente pueden transformar la oleada de estímulos en un océano de déficit público. Pero, al menos por ahora, Brasil volvió a meter en la lámpara al oscuro genio “Gini” de la desesperanza.


* Margolis es corresponsal de Newsweek en Rio de Janeiro.
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