Entrevistas
Veintitres
Osvaldo Papaleo
Testigo indiscreto
Foto: Veintitrés
17-09-2009 /
En las audiencias públicas por la Ley de Medios sorprendió al reflotar un tema tabú de la prensa: cómo la dictadura le cedió Papel Prensa a Clarín. El trasfondo del negocio que cimentó el crecimiento del principal oligopolio mediático del país.
Por Franco Mizrahi
A Osvaldo Papaleo le gusta que lo presenten como “empresario cinematográfico y teatral”. Pero su historia también está ligada a los medios de comunicación. En público como ex de Irma Roy. Y como él mismo lo expuso en las audiencias públicas en las que se debatió el proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, fue testigo privilegiado de una de las operaciones más trascendentes de los medios locales: la cesión del control de Papel Prensa a Clarín y La Nación.
“A mí no me lo contaron. Yo lo viví”, enfatizó en los foros. Es que Papaleo, además de haber sido secretario de Prensa durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, es hermano de Lidia, la viuda de David Graiver, el banquero asociado a la organización Montoneros que fuera accionista de Papel Prensa, hasta su muerte, el 7 de agosto de 1976.
Papaleo, que estuvo detenido dos veces entre el ’76 y el ’77, fue testigo directo del proceso mediante el cual la dictadura de Videla se hizo de los bienes de la familia Graiver y negoció con los grandes diarios de entonces la compra del paquete accionario de la industria papelera, para cuya creación habían aportado muchos medios gráficos a partir del onganiato. Una historia poco conocida que explica la fundación del mayor monopolio de prensa argentino.
–¿Qué opina del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que impulsa el Gobierno?
–Es un proyecto muy superador del decreto ley de Videla. Valoro mucho la voluntad política de votarlo. Desde el ’83, todos los gobiernos dijeron que iban a cambiar la ley de radiodifusión. Nunca se llegó a nada. Saldrá o será rechazada pero todo el mundo va a tener que opinar. Antes nadie se oponía porque no salía y no se trataba. El tema es sacarse la careta. Hay temas centrales de la vida social argentina, como Papel Prensa, que no se han discutido jamás. Un ejemplo de los que critican la nueva ley y apoyan la de la dictadura es Carmelo Astesiano Agote, miembro del Canal 3 de Rosario y actual tesorero de la Asociación de Teledifusoras Argentinas (ATA), presidida por Fontán Balestra. Astesiano Agote, capitán de fragata, fue un cuadro del masserismo que intervino Canal 13, el 24 de marzo de 1976.
–Usted dijo ser testigo de la adquisición de Papel Prensa por parte de los tres medios gráficos más grandes de la época.
–Mi hermana y toda la familia Graiver estaba presa y yo era tutor de su hija, María Sol (N. de R.: David Graiver, el padre de la niña, había fallecido al estrellarse el avión que lo trasladaba de Estados Unidos a México). Como todos estaban detenidos yo me hice cargo del tema. A mí me llamó Bernardo Sofovich (tío de Gerardo), abogado de Clarín, cuando salió el anuncio en los diarios de que había una asamblea en Papel Prensa, convocada por el Estado, en el ’78. Fui a la oficina que Sofovich tenía en Paseo Colón y Córdoba, y allí me reveló que Clarín, La Nación y La Razón se iban a presentar a esa convocatoria porque pretendían comprar acciones de la industria. Acciones que tenía el Estado, porque además de la parte que le correspondía había cooptado, vía el Acta Institucional, todos los bienes de los Graiver y los Gelbard, entre otros. Advertido por Sofovich, me presenté en la asamblea, que se realizó en el viejo Banco Nacional de Desarrollo. Fui acompañado por un abogado estadounidense, Dean Brashich, con la intención de oponernos en nombre de la menor. Queríamos dejar puesta una cuña para que quedara algún testimonio del ilícito que se estaba llevando a cabo: a partir de esa asamblea, Clarín, La Razón y La Nación negociaron su ingreso a Papel Prensa vía la compra de acciones que tenía en su poder la Comisión Nacional de Responsabilidad Patrimonial (Conarepa). Cuando llegamos fuimos al primer piso, donde estaban reunidos, pero un soldado nos negó la entrada. Estaba claro: era un negocio de civiles y militares.
–¿Considera que todo fue por una cuestión de dinero?
–Este caso tenía un matiz de antisemitismo. Jacobo Timerman fue muy torturado por ser judío. Eso lo viví porque estábamos detenidos en el mismo lugar y nos encontrábamos después de las torturas. Creo que en Papel Prensa pesó mucho el antisemitismo. Casualmente, todos los perseguidos económicos eran judíos: los Gelbard, los Graiver...
–¿Y quiénes estaban en esa asamblea?
–Los militares y los representantes de los tres medios gráficos. No los vi porque no me dejaron entrar. Pero se sabía que estaban Héctor Magnetto por Clarín, Saguier o Bartolomé Mitre por La Nación, y por La Razón, Lauro Laiño.
–¿Allí comienza el traspaso de las acciones a los tres medios gráficos?
–Sí. Compraron las acciones ahí. Y no sé cómo siguió la historia. Es muy difícil saber cómo movieron el paquete accionario.
–Usted sostiene que el secuestro de los Graiver fue vital para gestar la transacción.
–En el caso Graiver, lo que importaba era el muerto. Los militares se quedaron con la familia por los bienes y el manejo de muchas empresas. Entre ellas Canal 2, donde David Graiver también tenía acciones.
–¿Qué opinó la familia en ese momento?
–La estrategia la conversé con ellos. Los visité cada vez que estuve en Buenos Aires. Ellos lo vieron como lo vimos todos: hasta que no cambiara el régimen, el tema era irreversible. Esta nueva ley es fundamental. Yo no soy oficialista y critiqué al Gobierno cuando prorrogó por diez años las licencias a estos grupos y pactó con Daniel Hadad. Pero si sale esta ley, Kirchner justifica su paso por la política y por la vida. Esta ley no la sacó nadie.
–Usted fue secretario de Prensa de Isabel Perón. Convengamos que en aquella época no había mucha libertad de expresión.
–Estábamos ante un golpe. Mire lo que vino después. Esas cosas hay que verlas en el momento. Yo clausuré La Opinión. La verdad que no sabía que Graiver estaba al frente. La Opinión era muy favorable a Videla...
–También podemos decir a favor de La Opinión que publicaba los nombres de los desaparecidos, cosa que casi ninguno de los otros medios hacía.
–Sí. Timerman no era ciego.
–¿Qué le dijo Graiver cuando clausuró el diario?
–“Hijo de puta, ¿qué hacés?” Fue en el ’75. Yo no sabía que él era el dueño.
–Es curioso que siendo el esposo de su hermana no lo supiera.
–Siempre se hablaba que le había prestado plata a Timerman, pero de ahí a ser el dueño... Yo le dije: “Dudi, nos estamos jugando cosas muy importantes”.
–¿La familia Graiver pretende volver a Papel Prensa?
–No sé. Creo que el país debe debatir el tema de vuelta. La opinión pública está necesitando que analicemos la actitud de un grupo empresario que se apoderó de un resorte de la libertad de prensa en medio de un genocidio.
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