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El PRO-peronismo se siente cada vez menos PRO
26-11-2009 /
Ante la crisis política desatada en el gobierno de la ciudad a partir del escándalo
de las escuchas telefónicas, el peronismo disidente mantiene la alianza con el macrismo, aunque sus operadores advierten que es “sólo por ahora”
La alegría que embargaba a Macri, De Narváez y Solá el pasado 28 de junio pasó a ser cosa del pasado a partir de los escándalos
por demian verduga
dverduga@miradasalsur.com
El diputado socialista Jorge Rivas dijo unas semanas atrás en una entrevista televisiva: “Lo que más me gusta de acompañar a Kirchner son los enemigos que tiene”. La definición sirve para graficar qué une a los sectores que se oponen al kirchnerismo. Al ser consultados sobre la situación del Gobierno de la Ciudad, jaqueado por el escándalo de las escuchas telefónicas, los peronistas disidentes –aliados del macrismo en las elecciones de junio pasado– hicieron un enorme esfuerzo por quitarle peso al tema. Prefirieron definir el conflicto como una cuestión local y aseguraron que seguirán trabajando con el macrismo a nivel nacional y de cara al 2011. De todos modos, dijeron que guardan sus reservas. Seguramente saben –ver infografía– que la imagen positiva del jefe de Gobierno porteño bajó casi diez puntos, incluso antes del estallido final del Macrigate.
Ante las consultas de este medio, el hombre del PJ disidente no se muestra muy feliz frente al escándalo que sacude a la administración macrista. Desde que se destapó la olla de la central de espionaje, el peronismo disidente actuó como si el problema no existiera. En esa misma línea, el hombre del PJ anti K dice para gambetear la pregunta: “La verdad es que estamos ocupados en otras cosas”. Pero al final respira hondo, pide estricta reserva y se despacha:
–Cómo puede ser que el jefe de Gobierno de la Ciudad no sepa quiénes eran estos tipos.
E inmediatamente después hace un gesto de interrogación levantando las cejas. A tono con la posición de otras fuentes del mismo espacio consultadas por este diario, el hombre se apresura en hacer la aclaración ceremoniosa: “Para nosotros, éste es un tema de la Ciudad”. Y agrega también la típica frase de etiqueta: el tema, a su criterio, debe resolverse en el ámbito de la Justicia.
En la Cámara de Diputados nacionales, uno de los lugares donde los disidentes trabajan para acercar posiciones con el macrismo, hacían el mismo esfuerzo por no hablar de las escuchas. “Acá vamos a seguir trabajando para hacer acuerdos con el PRO. No tenemos que confundir los ámbitos. Las escuchas son un tema de la Ciudad, el nivel nacional es otra cosa”. Sin embargo, los disidentes tampoco se comprometen en defender a Macri y es que no están dispuestos a que el Macrigate los arrastre. Al oído, bajito, definen el otro costado de su posición del siguiente modo:
–Es muy importante que Macri deje de cometer errores. Se cayeron los primeros dos jefes que tuvo su policía. Eso muestra lo mal que manejo el asunto. Vamos a estar atentos a la evolución de este escándalo. A lo mejor, la designación de Eugenio Burzaco al frente de la policía ayuda a salir del mal trance. Pero si el conflicto sigue creciendo como una bola de nieve, vamos a tener que revisar nuestra posición. Ninguna alianza es definitiva.
El acuerdo entre el PRO y el peronismo anti K nació para derrotar a Kirchner en las elecciones parlamentarias de junio pasado. Esa motivación de origen todavía preserva la sintonía de los dos sectores. Para los disidentes, todo el que se oponga al kirchnerismo es un potencial aliado, aunque se trate de una figura en crisis como Macri y aunque el jefe de Gobierno porteño esté envuelto en un escándalo cuyos efectos finales todavía se desconocen. La alianza sigue. Sólo por ahora.
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