Por Sebastián Catalano
"Tengo dos desgracias en la vida: un hijo radical y un nieto de Boca”, se cansó de repetir Fermín Cobos, peronista acérrimo, hincha de River y padre de Julio César Cleto Cobos. “Era reperonista. El primer infarto que le dio fue cuando murió Perón”, recuerda el vicepresidente de la Nación para ejemplificar que hablaba en serio. Don Fermín ya no vive para presenciarlo. Y aunque su nieto Agustín sigue alentando al eterno rival, quizás su otro gran karma no sea tan definitivo como creía.
Más allá de la formalidad partidaria, su hijo puede formar parte de un nuevo radicalismo que permite incluir, de algún modo, cierto estilo peronista.
En un almuerzo con periodistas, uno de los máximos referentes del radicalismo actual se sinceró: “Tenemos que vencer el fantasma de que no podemos gobernar. Para eso, hace falta una nueva generación de radicales más dispuestos a ensuciarse en el lodo”. En este sentido, el vicepresidente que resiste los embates del oficialismo y de la oposición, da muestra de una gama de atributos que suelen relacionarse con el justicialismo: astucia, oportunismo político, estratégica habilidad de traición, táctica en función de una aspiración de poder, pragmatismo ideológico y actitudes “demagógicas”.
Paracaidista. Héroe de la democracia. Desestabilizador, conspirador y traidor. San Martín del siglo XXI. El único que animó a plantarse ante los K. Una “obstrucción permanente”, según la presidente Cristina Kirchner. Todo eso se dijo y se dice sobre Cobos. Su corta historia política, desde el rectorado de la UTN de Mendoza hasta la Resolución 125 y la postura en el affaire Banco Central, pasando por la gobernación provincial aliada al Gobierno de Néstor Kirchner y la sorpresiva candidatura a vicepresidente, son muestra cabal de su sentido de la oportunidad y sed de poder.
Una ambición que lo llevó a aceptar ser segundo de Cristina y le valió la expulsión de por vida de la UCR. Ahora, convertido en opositor número uno, y sin renunciar a su cargo, se erige como candidato del Acuerdo Cívico y vuelve como hijo pródigo del radicalismo, aunque no deja de coquetear con casi todos los sectores.
¿Cobos es un peronista sui generis? ¿Es un “lobo con piel de cordero”, como denuncian algunos, que blande la bandera del partido centenario de Alem e Yrigoyen, pero que termina transitando la política como el más hábil de los intendentes del Conurbano? Él dice que no y hace un esfuerzo para mostrar las ganas que tiene de volver a clavarse el pin radical en la solapa. Pero no son pocos los correligionarios que coinciden en que el estilo cobista tiene el sello de los herederos de Perón. O al menos, como indica Rosendo Fraga en la nota de la página 21, un estilo similar al que “representó Frondizi en la década del cincuenta”. También suscriben la teoría los cobistas-peronistas, que son pocos pero existen. Los kirchneristas, en tanto, toman distancia: ya se quemaron con leche. “Nosotros no traicionamos”, argumentan indignados.
“Cobos es el más peronista de los radicales que conozco”, asegura Enrique Thomas, diputado nacional por Mendoza de origen peronista que fue parte de la Concertación y que hoy apoya al vicepresidente. “Viene de una familia peronista y es una persona simple, tranquila, provinciana. Pero con fuertes convicciones. Cobos comprende lo que quiere la gente. En eso es peronista”, confirma. Thomas dice que el vice tiene aspiraciones de poder y que nunca traicionó a nadie. “Los que cambiaron fueron los Kirchner. Cobos sabe como pocos que el pueblo no se equivoca y que la única verdad es la realidad”, asegura utilizando dos de las frases preferidas del General.
En su Mendoza natal, las aguas están divididas. Algunos radicales no perdonan el portazo y recuerdan que los Kirchner sepultaron la Concertación Plural el 14 de agosto de 2007, el mismo día que se anunció la fórmula de su gobernador con Cristina.
“Cobos no es ni peronista ni radical. Le da lo mismo”. El que habla es Roberto Iglesias, ex gobernador radical de Mendoza y enemigo político número uno del vice en su pago chico. Iglesias afirma que Cobos se mueve en función del poder sin ningún arraigo o pensamiento político. “Usa las estructuras para ascender. Es poco confiable y no es coherente. Ningún político de verdad puede confiar en él”, dispara.
El diputado kirchnerista Omar Félix, un ex intendente de San Rafael que fue cobista pero ya no, coincide. “Es un persona muy difícil de definir m términos políticos. No es que sea un radical distinto: no es orgánico, sólo le importa él mismo… y los intereses de algún sector. Lo usan y como es muy ambicioso, se deja usar y aprovecha su cargo”.
Antonio Cafiero no puede imaginar a Cobos como una especie de “protoperonista”. No le entra en la cabeza. Se indigna con la mínima sugerencia. “¡Lo único que tiene de peronista son los votos que sacó cuando fue candidato con Cristina!”, se ofusca el histórico dirigente, quien repite que Cobos violó la norma sagrada, el valor supremo del PJ: la lealtad. “Se podría decir, para ser bondadosos, que es un pragmático... pero para mí es un traidor. Nosotros somos muy celosos de la lealtad de los funcionarios y castigamos a los traidores como Cobos”.
Cafiero habla y cada vez que puede menciona el almirante Alberto Teissaire, a quien define como el otro vicepresidente traidor de la historia peronista: un dirigente que acompañó a Perón, que fue elegido por el voto peronista en 1954 y que –Revolución Libertadora mediante– se puso del otro lado del Gobierno que defendía y sostenía hasta horas antes. “Teissaire quedó en el olvido de la gente, pero los peronistas no olvidamos a quienes nos traicionan”, insiste.
Cafiero evita mencionar algunos evidentes cismas de la historia peronista. Quizás no los considere traiciones, pero se le parecen bastante. Sobran ejemplos. Néstor Kirchner dejó de lado a Eduardo Duhalde luego de llegar a la presidencia en 2003. Y el propio Duhalde rompió varias veces en los ‘90 con Carlos Menem, luego de ser vice y gobernador de Buenos Aires. Luego de los indultos militares de Menem, en 1989, Carlos Álvarez y el Grupo de los 8 dejaron el PJ para formar el
Frente Grande. Dirigentes como Felipe Sólo tuvieron un derrotero ideológico muy amplio: cafierista, menemista, duhaldista, kirchnerista y ahora “peronista federal”, previo paso por la fugaz alianza con Francisco De Narváez y Mauricio Macri. El axioma “Roma no paga traidores” no se aplica en el peronismo, explica el historiador Marcelo Larraquy. “Las lealtades son resbaladizas, transitorias; varían con intensidad cuando una conducción empieza a ser cuestionada”, agrega Larraquy y aclara que un “buen peronista” sabe detectar hacia dónde fluye el nuevo poder para presentarse como un “leal”. “Muchas veces lo que se consideraba ‘traición’, dio lugar a nuevos liderazgos”, explica el autor de “López Rega” y “Marcados a fuego”. ¿Será ese camino el que deberá recorrer Cobos para demostrar que está dispuesto a ensuciarse con lodo?
Pino Solanas, del Movimiento Proyecto Sur, otro de los políticos que en los últimos días acrecentó las críticas contra el vice, suscribe la teoría de la traición cobista. “Jamás se le agache ni se le ponga de espaldas”, recomienda. Pero tiene algunos matices con Cafiero. “Los que traicionan son pejotistas, no los peronistas verdaderos”, aclara. El director de cine y diputado afirma que Cobos y Kirchner son lo mismo y que comparten las mismas posiciones, como la segunda privatización del petróleo en Mendoza. “A Cobos no lo eligió la presidenta, lo votó la gente. Al pueblo no se le renuncia, pero mantenerse en el cargo es insostenible desde lo ético”.
La diputada de la Coalición Cívica Patricia Bullrich cree que Cobos tiene un poco de pragmático y un poco de paracaidista. “Romper con su partido y sumarse al oficialismo fue una decisión audaz que, por otro lado, le permitió al kirchnerismo avanzar en la idea del partido único. Buscar romper el segundo partido y concentrar el poder es una actitud peronista”, dice Bullrich, que fue ministra de Trabajo de Fernando de la Rua y pasó por varios partidos y alianzas. Bullrich agrega que Cobos no tiene que renunciar. “La historia argentina está llena de agujeros y, en general, fueron malos. Terminar mandatos es una condición positiva. El problema de Cobos es que está en un no lugar, como diría Marc Augé. No sé si tiene chances para 2011, pero sí tiene derechos. Y también tendrá dos años por delante muy complicados”, concluye.
A Ricardo Alfonsín le cuesta admitir que Cobos tiene más de peronista de lo que él quisiera, por eso evita las comparaciones. “Cobos es producto de una crisis política muy severa”, resume el diputado y define al vice como un hombre con mucha disposición al diálogo, muy racional, sensato, con experiencia de gestión y que sabe que va a ser difícil llegar a algún lugar sin llegar a un consenso. “Su mayor defecto es haberse ido del radicalismo. Pero ya lo arregló”, concede.
La crisis en el banco central volvió a poner a Cobos en el centro de la escena. Para Néstor Kirchner, el vice es protagonista de una conspiración junto al Grupo Clarín y el “partido judicial”. Cristina, en tanto, no le tiene confianza ni siquiera para dejarlo a cargo del país por algunos días y suspendió su viaje protocolar a China. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, puso paños fríos y dijo que el Gobierno respeta la voluntad del pueblo y que por eso no le pedirán juicio político a Cobos, pero no pierde oportunidad para criticarlo y pedirle la renuncia.
En el terreno partidario, y de cara al 2011, la situación del mendocino es ambigua. Varios de sus rivales –Elisa Carrió, Mauricio Macri y Solanas, entre otros– lo critican y sus compañeros de la UCR, al menos los “orgánicos” encolumnados detrás de Ernesto Sanz y Gerardo Morales, ya analizan opciones “extra Cobos”. Entre ellas, los candidatos son el propio Sanz y Alfonsín.
Mientras tanto, Cobos intenta capear la crisis del BCRA desde el Senado, como pidió desde que Cristina echó por decreto a Martín Redrado. Esa parece apenas una muestra del complicado año legislativo que le tocará vivir, siempre y cuando no renuncie antes. En este caso no parece tener salidas claras. Si le toca desempatar en la bicameral que analizará el despido de Redrado, y vote lo que vote, será criticado. Y como la decisión legislativa no es vinculante, ya todos saben lo que terminará haciendo Cristina Kirchner. En el medio aparece Francisco de Narváez, que coquetea con una fórmula con el vice y promete que si “el deber patriótico lo exige” se van a sentar a hablar.
Según la consultora Ibarómetro, en enero de 2010 se registra el piso de la imagen positiva de Cobos y el techo de la negativa de los últimos 14 meses. En octubre de 2008, 59,4 por ciento de la gente veía con buenos ojos a Cobos y un 19,4 por ciento lo desaprobaba. Hoy, la primera cifra cayó a 44,5 y la segunda trepó a 32,5. Cuando se analiza la apertura por edad, los mayores de 60 años son quienes más suman a la imagen favorable del vice (56,7 por ciento). Si se tiene en cuenta el nivel educativo, los sectores más bajos (hasta primaria completa) tienen la menor imagen positiva de Cobos (40 por ciento), aunque su imagen negativa también es más baja que en el segmento menos instruido (20 por ciento). Como se ve, la penetración de Cobos en los estratos más bajos, en los que por historia el peronismo tiene su mayor base de votantes, no es lo tan importante como esperaban varios en la UCR, quienes a priori supusieron que el mendocino podría traccionar votos de esos sectores.
Un consuelo para Cobos: las cifras de Néstor y Cristina también están por el suelo. Según Management & Fit, la imagen de la Presidente cayó más de cuatro puntos desde octubre (de 20,1 puntos a 15,8) y la negativa subió de 40,4 puntos a 57,5. Su esposo, en tanto, según Giacobbe y Asociados, tiene una aprobación de apenas 18,5 por ciento y una negativa de 61,6 por ciento.
El analista Artemio López, no cree que oportunismo, táctica en función de una aspiración de poder, pragmatismo ideológico y actitudes “demagógicas” sean características peronistas. “Pero sí son atributos de Cobos”, dice. “Debiera renunciar y retornar al partido que lo expulsó de por vida, reencarnado en una momia egipcia, para sintonizar con su estilo y de paso, no violentar los estatutos de la fuerza centenaria”, asegura
Los filósofos Tomás Abraham y José Pablo Feinmann coinciden: Cobos es un político menor. “Es un radical K: así nació a la fama y así actúa. De los radicales tiene la parsimonia y la hipocresía; de los K, la capacidad de trepar. Es un personaje menor que puede ser presidente. Ni tiene virtudes ni defectos, es más bien chato”, define Abraham. Feinmann es más duro y describe a Cobos como alguien “detestable” que se maneja con una ambición para la que no está habilitado. “¿Cómo podrán confiar los votantes en un político cuyo movimiento fundacional para llegar al primer plano fue la traición? Además, la sigue ejerciendo. Persevera en su ser. Su ser es ser-traidor”, afirma.
El radical Rodolfo Terragno cree que asociar a Cobos con un estilo peronista es una teoría rebuscada y endeble. “En todo caso, recuerdo que cuando ejercí la presidencia de la UCR lancé una campaña en pro de un radicalismo con sentido de la oportunidad, vocación de poder, falta de dogmatismo y sensibilidad popular. Esas han sido condiciones históricas del radicalismo. A fines de los ‘40 se decía que Perón quería ser un segundo Yrigoyen”, argumenta. Terragno no lo dice, pero de alguna manera, de sus palabras se desprende que intentó buscar un camino similar al que ahora, queriendo o no, intenta recorrer el actual vicepresidente: construir un radicalismo más peronista.
Cobos aún es un misterio. Parece estar hecho a prueba de balas y a la vez, por momentos, resulta endeble, “delarruesco”. Es camaleónico y aparenta estar dispuesto a negociar con todos. También a traicionar a cualquiera. Puede ser un bluff que hoy está y mañana no, o puede ser próximo Presidente. Se parece a muchos de los que hoy lo defenestran. Es impredecible y como tal, asusta a casi todos por igual.
Con Juan Morris