Fernández Mouján

“El pueblo siempre busca resistir”

28.01.2010 | 18.20 Comentar   |   FacebookTwitter

Foto: Ezequiel Torres
Entrevistas /  Su documental expone desafíos y contradicciones de la lucha obrera clandestina tras el derrocamiento de Perón. Anarquismo, piqueteros y clima destituyente.
Por Tomás Eliaschev

El mate circula de mano en mano. En la mesa, un puñado de hombres cuenta lo que vivió. Protagonizaron uno de los episodios más dramáticos de la historia argentina. Sus relatos no son conocidos por las mayorías. Ninguna calle tiene sus nombres y no forman parte de la historiografía oficial. Pero ellos están dispuestos a vencer al silencio y dar a conocer una de las páginas más notables del accionar político de los trabajadores. Con esa escena comienza Los resistentes, del director Alejandro Fernández Mouján, que se exhibe a sala llena en el Malba. El documental, que dura 2 horas y 46 minutos, retrata a un grupo de militantes que participó en la lucha contra el régimen que proscribió, reprimió y fusiló a los seguidores de Juan Domingo Perón. La imagen de la “resistencia peronista”, desde distintos puntos del país, hoy se muestra en pantalla grande a través de los testimonios de los protagonistas directos de esas acciones insurreccionales, propagandísticas y de sabotaje que caracterizaron al movimiento conformado desde comandos clandestinos de obreros peronistas. Ellos son los mismos que se levantaron espontáneamente luego del derrocamiento de Perón, en 1955. “Una realidad que ahora provoca la discusión en grupitos, a la salida del cine. Eso es lo más interesante”, apunta Fernández Mouján, también director de arte de Canal 7.

–¿Cómo nace Los resistentes?

–Un grupo de militantes (Juan Carlos Cena, Jorge Vázquez, Enrique Pecorino, Tate Martínez, Rafael Cullen, Reynaldo Mena) se venían reuniendo desde hace años y en 2007 me llamaron para hacer una película. Querían desarrollarla en la cocina de una familia resistente, que era donde se planificaban las acciones. Yo estaba por estrenar Pulqui, un instante en la patria de la felicidad, y no podía meterme en una ficción con lo que implicaba de laburo. Pero les ofrecí juntar material sobre la gente que participó de la resistencia.

–Y finalmente el film muestra las discusiones sobre cómo hacer el documental.

–Sí. Es el tipo de documental que me gusta hacer para que la gente sea conciente de cómo es el dispositivo. Se establece una relación de iguales. Tiene que ver con el mensaje de la película.

–¿Por qué hacer ahora una película sobre la resistencia?

–Porque los que participaron quieren dejar un testimonio antes de que sea tarde. La mayoría tiene más de 70 años y el hecho más importante de sus vidas no había sido contado.

–A diferencia de la lucha de los setenta...

–Es que después de la resistencia vinieron los que sabían escribir. Hay un gran componente en la militancia y en las organizaciones armadas de los ’70 de gente universitaria, profesional, que asume el peronismo desde posturas más intelectuales y no como los resistentes, que lo vivieron.

–Uno de ellos cuenta que su padre era anarquista y que luego del 17 de octubre tenía muchas discusiones con sus compañeros. ¿Cómo se relacionaban anarquismo y peronismo?

–Cena se pregunta qué pasó para que ese día trabajadores anarquistas y socialistas se volvieran peronistas. El peronismo obrero proviene de varias fuentes, principalmente del anarquismo. Muchos de ellos armaron el 17 de octubre. En la resistencia los jóvenes aprendieron a construir “caños” con viejos obreros anarquistas, que eran más aguerridos y formados en el enfrentamiento real.

–¿Considera que en la oposición al neoliberalismo y el movimiento piquetero se pueden encontrar rastros de lo que fue aquella resistencia?

–El pueblo siempre busca resistir. Aquella experiencia peronista marcó a los obreros y a la gente del pueblo que se identificó con Perón y salió a defenderlo. Tal vez no sea tan fácil para el movimiento piquetero conectar con este otro movimiento, pero esa conexión existe.

–Cuando la película dialoga con la actualidad, la critica…

–Uno de los resistentes, al comparar el presente con el pasado, dice que ahora no hay nada. No sé si es una referencia directa a este gobierno. Más bien refiere a todo el período democrático desde el ’83. Se habla de justicia social y de reducir la pobreza, pero comparado con lo que hizo el peronismo en sus primeros gobiernos, es muy poco.

–¿Cree que se produciría una resistencia si se cumplen los pronósticos que hablan de un clima destituyente?

–Tendríamos que salir a resistir todos. Y no porque este gobierno represente todo lo que uno quisiera sino porque es un período con varias conquistas. Volver al menemismo sería insoportable. La derecha genera ese clima pero supongo que la gente saldría a parar esa posibilidad.

–La resistencia peronista no fue protagonizada por los dirigentes, sino por las bases. ¿Hoy sería igual?

–Creo que pasaría lo mismo. En 2001, mientras la gente salía a la calle, los políticos no podían ni asomarse a la puerta de sus casas porque eran insultados. Se cuestionó todo el sistema político que beneficiaba a los grandes grupos. No se logró el cambio exigido en la calle, pero fue un llamado de atención. A pesar de que parecía todo dormido, siempre hay algo que va por debajo. El pueblo sedimenta y acumula para esos momentos de resistencia. Muchos de los planteos que se hacían en las asambleas barriales ya estaban en los programas de Huerta Grande, de La Falda o de la CGT de los Argentinos. La democracia directa ya estaba planteada. Sin embargo no hubo capacidad para recuperar esa historia. Además, en 2001, si uno decía que era peronista te miraban con recelo: el peronismo era sinónimo de menemismo, de corrupción. No se reconocía a ese otro peronismo. En los setentas milité en el Peronismo de Base, que tal vez no tuvo tanta prensa como otras organizaciones pero sigue existiendo en espíritu.

–John William Cooke decía que el peronismo es el hecho maldito del país burgués. ¿La resistencia peronista es el hecho maldito del peronismo?

–Así lo es para cierto peronismo de estructura, del PJ, de la derecha del peronismo. La resistencia es un hecho maldito porque evidencia las contradicciones. Hay muchos dirigentes que participaron de la resistencia, pusieron caños, se arriesgaron pero terminaron en algo totalmente distinto: enriquecidos y traicionando sus principios de clase. La discusión final de la película plantea el rol de Perón, se pregunta por qué avalaba a determinada gente y hasta dónde era el conductor de la clase obrera. Esos planteos siguen vigentes. Y, justamente por eso, vale la pena el documental: porque la gente sigue discutiendo.
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