Solange Bellone
“No me siento culpable de nada”
Solange. Muy deprimida por su estadia en la carcel.Entrevistas /
Exclusivo. La viuda de Forza lleva dos meses detenida en Ezeiza. Está deprimida por no poder ver a su hijo, enojada con su marido muerto y se siente víctima de una persecución política.
Por Lucas Cremades
Todo pasa. Todo cambia. Horas después de ver que el cadáver de su marido Sebastián Forza era uno de los tres cuerpos hallados en un zanjón de General Rodríguez, Solange Bellone se convertía en la viuda preferida de los medios. Tenía lágrimas para mostrar, un hijo al que cuidar, demasiadas intrigas y una muerte oscura por la que responder.
Dieciséis meses después del triple crimen, cuando el colador de la pesquisa lograba cerrar algunos agujeros, otra causa sobre una supuesta mafia que vendería medicamentos adulterados –investigada por el juez Norberto Oyarbide– puso a Solange Bellone tras las rejas en la cárcel de mujeres de Ezeiza, desde el 2 de diciembre de 2009.
Allí, encerrada, quebrada hasta las lágrimas por la distancia que la Justicia le impuso en la relación con su pequeño hijo, la viuda acepta hablar con Veintitrés en exclusiva. Rompe el silencio y lo hace ante la revista que investigó sus negocios y los de su marido. Sus sociedades y contactos. Solange, personaje central de una trama que trascendió los límites de la crónica policial para ramificarse entre los pliegues más sórdidos del poder oculto, se confiesa.
–¿Cómo fueron estos dos meses en prisión?
–Lo que más me preocupa es mi hijo. Después de lo que pasó con Sebastián comprobé muchas irregularidades acerca de la causa que empezó a investigar su asesinato. Sufro del maltrato y la persecución injusta de esta justicia. Esto no me lo imaginé nunca y ha sido muy duro para mi hijo. Pero tengo fe en que voy salir porque creo en la justicia divina.
Fue cambiando Solange. Atrás quedaron las pompas y el maquillaje para almorzar en la mesa de Mirtha Legrand como la viuda del empresario asesinado que se excusaba en su condición de esposa ingenua para rebatir los reveses que la mostraban como socia de su marido. Forza, tras su muerte, fue apareciendo en los expedientes y en los medios cada vez más vinculado al tráfico de efedrina, los carteles de droga mexicanos y la mafia de los medicamentos.
Para ella se apagaron las cámaras de televisión. Y la viuda de ese joven ambicioso quedó en las sombras de un pabellón de doble resguardo sin contacto con las demás reclusas. “Estoy mal de salud, con la presión muy baja y perdiendo peso. Estoy en 48 kilos, lo que es bastante poco para mí” explica.
El hilo de su voz cae en el llanto de a ratos. Solange ya sabe que en el encierro lo más cercano a la libertad son las visitas de su hijo. “Acá hay mucho tiempo para leer. Soy muy católica, leo la biblia, rezo el rosario. Trato de buscar amparo en la metafísica. Ahora estoy releyendo el libro de Conny Mendez Metafísica 4 en 1 También hago ejercicios de yoga para contrarrestar el lugar en el que estoy, por la energía que hay. Trato de estar bien espiritualmente, de no caerme. Pero es difícil, estoy perdiendo las fuerzas porque mi hijo no está bien. Me dice: ‘decile a ese señor que te firme el papel así podes volver a casa’”.
–¿En que año conoció a Sebastián?
–En el 2001, estuvimos siete meses de novio y nos fuimos a vivir juntos. Pasó un año y nos casamos de un día para otro. Él estaba muy apurado en casarse. A la distancia me doy cuenta que era más por una cuestión empresarial el deseo de casarse.
“Con infraestructura sos Gardel, llegas a cualquier lado” le repetía Sebastián cuando eran novios. Por ese entonces Forza era un simple visitador médico con una agenda de contactos en el mundo de los laboratorios que eran su mayor tesoro y la carta de presentación. Esto le permitiría hacerse de un socio con dinero a fin de montar una droguería que lo habilitara para vender productos oftalmológicos y hacer lo que mejor sabía hacer: comprar y vender medicamentos. “Sebastián era de mostrarse porque tenía un lema de que para hacer negocios tenía que parecer que manejábamos plata, era su estrategia. Era un vendedor nato y se fijaba mucho en los detalles y en la vestimenta para ir a las reuniones,” recuerda.
–Lo que los convertía en una pareja ambiciosa.
–Eso no tiene que ver conmigo. La ambición tiene que ver con carencias afectivas, con problemas psicológicos. La persona que es ambiciosa no es sólo por dinero sino porque necesita demostrar algo. Cuando lo conocí, él tenía un trabajo y un auto normal. Yo trabajaba, estudiaba y tenía mi auto. De ahí a ser millonarios hay una diferencia y nunca fue así. No quería ni vivía de la plata fácil y con esto no quiero justificar que se haya equivocado o que no haya elegido mejor a la gente de su entorno, pero sí creo que se lo ha demonizado. Hicieron de él un monstruo, no teníamos una vida ostentosa.
–¿Cómo eran la relación con su marido antes de que lo mataran?
–Desde que nació el nene en el 2004 empezamos a tener demasiados conflictos. Me dedicaba mucho a cuidar de mi hijo y eso lo ponía bastante celoso, los últimos dos años se tornaron muy complejos. Él estaba muy mal anímicamente, desbordado. No solamente falleció en circunstancias complicadas sino que además me enteré de muchas otras situaciones a nivel personal que no sabía. Por eso trato de centrar mi atención en el nene porque no lo tengo a Sebastián para que me lo explique. Están las pruebas pero no lo tengo a él para preguntarle por qué [rompe en llanto por segunda vez] le pasó a él, por qué corrió el riesgo. De alguna forma, en ese entorno, nos puso en peligro a mí y a su hijo, antes, durante y después de su muerte. Prefiero pensar que estaba mal anímicamente y muy deprimido porque no puedo pensar que a alguien le importara tres pepinos su familia. Vivíamos separados y aunque cada tanto venía a casa y se quedaba a dormir para ver al nene la relación era tirante. Sebastián era una persona de un carácter demasiado fuerte, obsesivo y celoso. Llevaba las cosas hasta un límite que no era el normal.
–¿Usted declaró ante el fiscal Juan Bidone, que su marido era un hijo de puta, que la drogaba para poder ir a las reuniones de trabajo con su hijo y dar así una imagen paternal?
–De eso prefiero no hablar. Es como te digo, no tengo a quién reclamarle, no lo tengo a él para decirle “mirá lo que me hiciste” [vuelve a llorar]. Al tiempo que me pasa todo esto me encuentro con las deudas de él, sin plata, y llena de quilombos. Me llegó a hablar de un seguro de vida que hoy me entero a través de allegados suyos que aparentemente lo habría puesto a nombre de su familia. ¿Por qué no lo puso a nombre del hijo? Son cosas muy siniestras. Él se resistía a separarse de mí por una cuestión de poder, pero ya no teníamos ni relaciones.
El socio que llegó en silencio para acompañar los proyectos de Forza era un ex tesorero del Banco Provincia, Martín López Magallanes, que ostentaba acceso a la financiación fiscal, a cuatro cuentas corrientes y a varias cuevas financieras. Sin perder el tiempo, encontraron una droguería fundida ubicada en el pasaje King 348 que luego se conocería como la empresa Seacamp SA en la que, al momento de su muerte, tenía a Forza como director suplente y a Bellone de presidenta. La detención de Solange se decidió después de que una serie de escuchas telefónicas revelara que siguió operando su droguería luego de que el propio Oyarbide le denegara la reapertura de la empresa.
–Usted está procesada por otra causa que va en paralelo al crimen de su marido. En ella se sostiene que usted habría seguido operando con Seacamp S.A.
–Se han dicho tantas barbaridades. Sobre las cuestiones legales no voy a hablar porque para eso están mis abogados (Miguel Ángel Pierri y Rubén Ramírez), pero esto es totalmente injusto, no me siento culpable de nada. Tampoco encuentro una razón para saber de qué me están culpando, acá no hubo muertes, ni medicación adulterada. Quiero que alguien me explique porqué estoy presa. De hecho hay una ley que exige que la madre tiene que estar con su hijo y eso no se cumple. Dicen que mi hijo está bien pero nadie lo vio. Acá hay muchas irregularidades, por eso creo que esta causa es política. No siento nada de responsabilidad porque no hice nada.
A diferencia de cuando estaba en libertad, Solange no quiere volver a hablar de las relaciones que frecuentaba su marido, ni de las supuestas amenazas que habrían recibido de Ibar Esteban Pérez Corradi, ni de su empresa Seacamp y mucho menos de Martín Lanatta, el supuesto autor intelectual del crimen, detenido por la justicia. “Son temas delicados y no quiero entrar en detalles ni responder preguntas que tiene que ver con temas de Sebastián. No he tenido relación con ellos y tampoco sé el contexto en el que Sebastián se relacionó con ellos.” aclara.
–¿Usted es conciente que nadie le cree que no tenga ninguna responsabilidad en nada?
–Es que no tienen que ver conmigo. Escapa a lo que yo podía manejar o saber. Tiene que ver con mi decisión de haber insistido en la investigación sobre su muerte. Se me ha perseguido mucho por esto. Incluso hasta familiares de él me han amenazado, pero nunca se han puesto como querellantes. Es llamativo que me hayan encerrado en el mismo momento que se estaba avanzando en la investigación sobre la muerte de mi marido. No tengo nada para esconder, estoy tranquila con mi conciencia y en el futuro mi hijo va a saber que su madre trató de buscar la verdad con respecto a lo que pasó con su papá.
Una semana atrás, ante la negativa del juez Oyarbide de concederle la excarcelación, la viuda decidió comenzar una huelga de hambre. Pero por cuestiones físicas que la hubieran deteriorado de inmediato, desistió. El objetivo no era otro que llamar la atención de la prensa. “Hay una ley que dice que el hijo tiene derecho de estar con su mamá. ¿Por qué no se cumple? No maté a nadie, no hice nada grave ni hay nada demostrado. No estoy condenada. No condenen a mi hijo ni me condenen a mí. Hay gente que ha cometido crímenes de lesa humanidad a los que le dieron la excarcelación hasta que se cumpliera el proceso.
–¿Qué le dijo su hijo al verla detenida y lejos de su casa?
–Que estoy acá por cuestiones de su papi, que me están haciendo preguntas y que tiene que esperar a que un señor decida que me puedo ir de acá. Los chicos perciben todo. Siempre le digo la verdad dentro de lo que su cabecita puede entender. Hoy se siente muy abandonado y esta involución tiene que ver con que es difícil explicarle porqué me fui después de que perdió a su padre mientras soporto los líos que se me vienen encima por esto. Sufro porque me necesita y me hace muy mal estar sin él.
–¿Por qué no deja que vea a sus abuelos, los padres de Forza?
–Esta es una batalla personal que ellos emprendieron contra mí y de la cual no quiero hablar. No hay una sola constancia de que no haya dejado que lo vean. Los hechos hablan por sí solos y no voy a hablar de ellos, que nunca estuvieron en los momentos importantes. Siempre brindé todas las posibilidades para que hubiera un acercamiento y nunca le diría a mi hijo que no tenga a sus afectos cerca. Que cada uno se haga cargo de lo que hizo mal, nunca me opuse.
Su discurso se interrumpe. Cada vez que nombra a su hijo las lágrimas de Solange la vuelven de carne y hueso. Ya no es la dama de hierro que no se dejaba amedrentar ante las inquisiciones periodísticas que se tejían a su alrededor meses después de que su marido apareciera acribillado junto a Leopoldo Bina y Damián Ferrón en un zanjón de General Rodríguez. “Tal vez acepté las cosas como me las dibujaba. No puedo volver el tiempo atrás y Dios dispone las cosas. A veces siento que Dios me protegió para que no me diera cuenta de nada. No sé si el haber entendido algo de esto previamente no hubiese jugado en mi contra. Seguramente me equivoqué en mil cosas pero no me arrepiento porque nunca hice nada con mala intención”.
Solange jura seguir siendo una chica de barrio, común y corriente, y aclara: “aunque suene agrandada soy una muy buena mamá”. Dice que no volvió a formar pareja. “Mi prioridad es mi hijo y después ponerme bien. Tal vez no sé si tendría que volver a formar pareja y la felicidad no pasa solo por eso”.
–¿Qué piensa hoy de su esposo en la soledad de su celda?
–Siento bronca y desilusión. Recuerdo el día que fui a General Rodríguez y lo vi tirado en el piso [vuelve a llorar] y se me mezclan las cosas. De todas formas murió como un perro mal, de una forma horrorosa, y creo que pagó lo que me hizo a mí, lo que le hizo a todo el mundo y veinte veces más.
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