Mundo
Veintitres
Ganadores y perdedores con la crisis centroamericana
Los golpes de Honduras
Final. Lobo y Zelaya, en la embajada brasileña, donde se atrincheró el presidente derrocado.
03-02-2010 /
Zelaya partió y asumió Porfirio Lobo. Finalmente el golpe triunfó, y festejaron los republicanos de EE.UU. y álvaro Uribe. Brasil perdió en su primera apuesta fuerte en la política continental.
Por Alfredo Grieco y Bavio
Cuando el 27 de enero el nacionalista Porfirio Lobo asumió la presidencia en Tegucigalpa, la comunidad internacional respiró aliviada porque sentía que un problema había desaparecido del horizonte inmediato. Aunque formalmente la mayoría de los gobernantes latinoamericanos no se resignara a su derrota en promover el retorno a la democracia constitucional en Honduras, las reuniones continentales de urgencia con Estados Unidos y la Unión Europea habían llegado a su fin. El liberal Manuel “Mel” Zelaya, depuesto en junio pasado por los militares, puesto por ellos mismos en pijamas en el asfalto de una pista de aterrizaje en San José de Costa Rica, partió, escoltado por el ganadero multimillonario Lobo, rumbo a Santo Domingo, en la República Dominicana, la otra mitad de la isla donde está la desolada y arrasada Haití.
Mel pagó caro su intento de promover la reelección en un país que no admite ni una sola. El primer presidente en pisar la tierra hondureña después de los actos de asunción de Lobo fue el conservador colombiano Álvaro Uribe, electo en 2002, reelecto en 2010, y que buscó que la Corte Suprema condonara un referendo para modificar por segunda vez la Constitución y poder aspirar sin trabas a su re-re-. Es cierto que si las elecciones fueran hoy en Colombia, vencería el presidente que lucha contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), liberó a la rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt, y fustiga a su vecino, el líder bolivariano Hugo Chávez –entre otras cosas, por sus ansias reeleccionistas, un virus con el que habría infectado a Zelaya.
No sólo las elecciones de su patria gana Uribe. Colombia, que acaba de autorizar el uso de siete bases a los norteamericanos en su territorio, está entre los grandes ganadores en la crisis hondureña. Un nuevo eje se perfila en la región. Un visitante esperable, desembarcado de una aeronave de LAN Chile –casi su flota personal–, es Sebastián Piñera, el próximo ocupante de La Moneda en Santiago. Sería difícil esperar un reconocimiento de Lobo por la socialista Michelle Bachelet.
Los que ganaron son los republicanos de Estados Unidos, y el presidente negro y demócrata les cedió este punto como quien cede una ficha en un juego cuyos objetivos son otros. Hasta ahora, para Barack Obama, el premio mayor era la aprobación de su reforma sanitaria integral. El Pentágono, por su parte, avanza con una versión nueva de la doctrina Monroe, aunque conservando el lema viejo (“América para los americanos”) contra las presencias extracontinentales de China o Irán, y no le desagrada conservar el pie firme en la región.
De hecho, además de las colombianas, una de las bases aéreas que siempre ha conservado operativas Estados Unidos es la de Enrique Soto Cano, en suelo hondureño –se dice que allí, rumbo a Costa Rica, hizo una escala técnica el avión que, sin apagar sus motores, iba a depositar a Mel Zelaya, desnudo bajo sus pijamas, en el aeropuerto de San José. Muy cerca de allí está, también, la base aérea de Comalapa, en El Salvador, país limítrofe con Honduras. Si esta nación tiene costas sobre el Océano Atlántico (más propiamente, sobre el Golfo de México), las salvadoreñas están sobre el Pacífico. Como lo están las de Perú, otro país que desde un comienzo predicó el realismo y la moderación –o lo que a sus ojos eran tales– como ideología para resolver los conflictos en Centroamérica. También es un país con bases norteamericanas, al menos en el sentido de que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos usufructúan la escuela de entrenamiento en Iquitos, precisamente en el nacimiento del Amazonas, un sitio importante para inquietar, por su situación estratégica, a Brasil.
También perdió en el conflicto hondureño, justamente, la República Federativa de Brasil, más discretamente, en una de las primeras intervenciones diplomáticas fuertes en la política hemisférica de una cancillería que antes buscaba la prescindencia y el sentirse por encima de las luchas hispanoamericanas. Zelaya, que había sido evacuado por los aires el día de su caída, reapareció después misteriosa, clandestinamente, en el interior de la Embajada brasileña en la capital Tegucigalpa.
El gobierno de Lula fue muy firme, y la cancillería de Brasilia buscó ocupar el lugar por el que pugnaban, desde los extremos, las de Washington y Caracas, en una crisis que se prolongaba. Fueron los brasileños quienes ayudaron a Mel Zelaya para que con su sombrero y su guitarra “se comportara como un actor de cine”, según el reproche de funcionarios norteamericanos. Fueron ellos los que condenaron el golpe, pero también los primeros en comportarse con un realismo que finalmente parece difundirse más de lo que los afectados querrían. El terremoto de Haití y diversas situaciones nacionales, como Venezuela con la moneda devaluada y con crisis energética y coloridas marchas opositoras, han cambiado las prioridades. Volveré a Honduras, dijo Zelaya, cuando la reconciliación nacional haya ocurrido: una perspectiva lejana, aunque no por la conflictividad interna. Lobo inauguró el nuevo período escolar, y aseguró que, este año, los niños hondureños no perderán ni un día de clases.
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