Política
Culebrón con final desarrollista
La elegida. Es la primera mujer en presidir el Central en 75 años.Veintitres /
La presidenta removió a Redrado del Central y lo reemplazó por Mercedes Marcó del Pont. Tras el aval de la comisión parlamentaria, el Ejecutivo ratificó el cambio de funcionario. Quién es y cómo piensa la primera mujer que manejará el banco de los argentinos.
Por Luz Laici y Franco Mizrahi
En la teoría de los juegos, el juego refiere a la toma de una decisión caracterizada por la interdependencia estratégica. Un espacio en el que existen reglas a cumplir y un resultado determinado. En el que tuvo a Martín Redrado como protagonista político de las últimas semanas, el final ya no es incierto: terminó con su remoción al frente del Banco Central, firmada nuevamente por la presidenta Cristina Fernández y avalada por el consejo parlamentario en el mismo sentido. No tuvo lágrimas Martín. Ni antes ni después de partir. Así de cruda es la política. Lejos del melodrama, reprodujo un culebrón plagado de intrigas palaciegas, presiones cruzadas, héroes y antihéroes, traiciones y una descarnada disputa de poder institucional. ¿Desenlace feliz? Al argentino pesimista, le ofrecemos el vaso medio lleno: la designación de Mercedes Marcó del Pont puede leerse como una luz en el camino.
Día de estreno: 6 de enero, eyección de Redrado. El decreto de necesidad y urgencia 18/2010 dispuso que se apartara de su cargo por “incumplimiento de los deberes de funcionario público”, tras un prólogo que lo encontró oponiéndose a la creación del Fondo del Bicentenario con reservas del Central. Claro que, como todo primer capítulo, el comienzo suele estar cargado de novedades: el golden boy terminó rebelándose otra vez por no querer abandonar su puesto bancario.
La continuación retuvo al público. El 7 de enero, la jueza María José Sarmiento de la Cámara Federal Contenciosa Administrativa, restituyó al funcionario y frenó la utilización de las reservas. La oposición aplaudió desde butacas preferenciales. La magistrada escribió: “El Poder Legislativo debe resolver la cuestión”, en referencia al futuro del economista. La grieta fue aprovechada por el vicepresidente Julio Cleto Cobos, que suspendió su descanso estival en Chile y se presentó en el Congreso para preservar la institucionalidad. Flashback a una Argentina divida entre el campo y el Gobierno. ¿Retenciones sí o no? “No”, desempató Cobos. Y el golpe hizo temblar la tibia aparición de un Estado intervencionista y redistribuidor de riqueza.
Pero la trama mostró revancha. “Suspendo mi viaje a China porque eso me demandaría estar un lapso demasiado largo fuera del país cuando quien ejerce la vicepresidencia no cumple el rol que fija la Constitución Nacional”, anunció Cristina Fernández el pasado 19 de enero. Con un agregado: la convocatoria al Congreso para que conforme la comisión que debía analizar la situación de Redrado. Un revés oficial que devolvió al exterior la crónica de una conspiración y enfrentó a la oposición con su propio deseo. Aconsejar, aún de modo no vinculante.
Vuelta de página. No hubo corrida bancaria. Tampoco aumento desenfrenado de precios. Buen clima para una tertulia parlamentaria que reunió a Cobos junto con los diputados Gustavo Marconato (Frente para la Victoria) y Alfonso Prat Gay (Coalición Cívica). Tres mosqueteros para un solo hombre. La histeria venció al golden boy, que renunció antes de conocer su destino, tal como marcaban las reglas. Pero la decisión ya no estaba en sus manos: la renuncia no fue aceptada y la comisión debió emitir dictamen. Marconato acompañó al Gobierno. Prat Gay, un viejo enemigo, cedió a los deseos de Elisa Carrió y terminó defendiendo a Redrado.
Cobos, al desempate, otra vez. Con distinto estilo: ordenó hermetismo, evitó declaraciones en los medios y enfiló en línea K. No contaba con demasiado margen. Con otro voto no positivo, hubiera debido abandonar la vicepresidencia. Una plataforma demasiado preciada para rifarla por un funcionario ya caído en desgracia. Para Redrado, en cambio, se trató de una decisión propia de “un tibio”.
“Claro que los argumentos fueron distintos a los del kirchnerismo”, apuraron los laderos cobistas. No por ello, menos curiosos. Entre ellos, figuran: “Una conducta irresponsable, la defensa de intereses personales y no del bienestar institucional, la puesta en riesgo del Banco Central y el gobierno del país”. Una radiografía que podría devolverle su propia imagen y jugar en su contra. Pero el sobre ya estaba lacrado y llegó a Presidencia tal como estipulaba el ritual.
El affaire Redrado sopló velitas: un mes después de su remoción por decreto, Cristina Fernández ratificaba su salida del Central con el aval –por mayoría– de los representantes legislativos. ¿Valió la pena semejante desgaste?
El público quedó aburrido. La oposición reveló fuertes internas producto de su propia mezquindad. El pragmatismo K ganó la apuesta y fue por más: nombró a la economista Mercedes Marcó del Pont al frente del Central. La primera mujer en 75 años de existencia y 55 presidencias.
¿Apenas una conquista de género? Mucho más. Sobrina de Rogelio Frigerio, el currículum de la ex directora del Banco Nación, arroja militancia desarrollista y ferviente oposición a las políticas neoliberales impuestas por Domingo Cavallo en plena década del ’90.
Si el establishment se muestra nervioso –distintos medios comunicaron su designación calificándola de “hiperoficialista”–, tiene con qué. “Se necesita un Estado eficiente y capaz de regular y arbitrar los mercados para garantizar la acumulación y distribución más justa del excedente”, escribió Marcó del Pont en uno de sus tantos papers. Y agregó la recomposición salarial como condición necesaria para fortalecer un mercado interno expansivo que inserte a la Argentina en la economía internacional.
“Su nombramiento es una muy buena noticia para un gobierno que no tiene rumbo”, analiza un dirigente que se apartó de las filas K. El derrotero de la economista arroja pistas:
- En 1982 se sumó a la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo, presidida por Octavio Frigerio.
- En 1989 fue nombrada asesora de temas productivos de la Secretaría de Planificación de la Presidencia de la Nación. Duró dos años: prefirió cuestionar la convertibilidad, la desregulación energética y la privatización de YPF.
- En 2001 acompañó el Plan Fénix elaborado por Aldo Ferrer y se incorporó al gobierno de Eduardo Duhalde como asesora en el Ministerio de la Producción, durante la gestión de Roberto Lavagna.
- En 2005 fue electa diputada por el Frente para la Victoria, partido al que se unió por el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández.
- En 2007, asumió como presidenta del Banco Nación y apoyó la creación del Banco del Sur, propuesto por el venezolano Hugo Chávez para que oficie de entidad monetaria y de desarrollo regional. “Puede servir como instrumento de financiamiento de mediano y largo plazo para los países miembros de la región –sostuvo–, así como para el avance del comercio con monedas locales”.
- En 2009, expresó: “El proyecto de reindustrialización y de recomposición del mercado interno lleva implícito una cantidad de decisiones donde el contenido del crecimiento se decide a través de las políticas económicas. Esta permanente intervención y la recuperación del Estado para forzar cambios es un dato esencial de la Argentina desde 2003 a la fecha (…) Cuando analizamos por qué la crisis nos pasó de costado, seguramente habrá que destacar que las 2/3 del crecimiento de la economía se genera a partir del mercado interno. No sólo a partir de la recomposición de la masa salarial, que es la base, sino también por la recuperación de otra categoría que era la inversión pública. Durante décadas nos llenaron la cabeza sobre que no debía existir la inversión pública y quedó demostrado que este fue otro de los factores que tuvieron un protagonismo absoluto”.
La albertista supo sobrevivir a su jefe político –con la defensa de la reindustrialización, el pleno empleo y la construcción de un empresariado nacional con Brasil como ejemplo– y ahora renueva el aire del Banco Central, donde seguramente implementará una reforma de su Carta Orgánica, tal como propuso en 2007 y Redrado desestimó por “inoportuna”. En aquella oportunidad, la funcionaria sugirió modificar el artículo 3, referido al objetivo de la entidad: en concreto, trocar el combate de la inflación por el sostenimiento del crecimiento y el empleo.
Con la elección de Marcó del Pont, el kirchnerismo viró el destino de su gestión. De nuevo, a todo o nada. ¿Será su norte?.
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