Veintitres
El secreto de sus ojos
El triunfo de la memoria
Nominada. El film de Campanella camino al Oscar.
04-02-2010 /
Frente a las voces que piden olvidar el pasado, la nominación al Oscar del filme reafirma que la sociedad necesita revisar los períodos más oscuros de su historia. Hablan el director y sus protagonistas. La película que reavivó la reflexión sobre la violencia estatal en el país y el mundo.
Por Martín Mazzini y Diego Rojas
Mauricio Macri señaló imperturbable: “Los argentinos tenemos que mirar hacia adelante, no mirar más hacia atrás. Hay muchos problemas sin resolver como para andar persiguiendo fantasmas del pasado. La energía es una: si uno la pone en priorizar el pasado, perseguir el pasado, no se la tiene para construir el futuro”. Una posición que sintoniza con las declaraciones que le costaron el puesto al Ministro de Educación porteño, Abel Posse, quien señaló que había que finalizar los juicios a los represores. O con los dichos de Diego Guelar, que pidió una amnistía a los militares procesados por el genocidio. O con las expresiones de Eduardo Duhalde, quien reclamó terminar con las humillaciones a los miembros del Ejército. Hay que mirar hacia adelante, dicen. Sin embargo, El secreto de sus ojos, el film dirigido por Juan José Campanella y protagonizado por Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella acaba de ser nominado a los premios Oscar en la categoría Mejor Película Extranjera. La película realiza un profundo examen de la represión que se ejerció durante la década del setenta. “Hay que apoyar al cine argentino, que tiene ejemplos maravillosos como El secreto de sus ojos”, declamó Macri en el mismo programa en el que propuso un ejercicio de desmemoria. “Pero, Mauricio, esa película habla del pasado”, retrucó Ernesto Tenembaum. Macri no respondió.
En medio de un avance de sectores oscurantistas de la sociedad que decretaron un cansancio generalizado del “setentismo” impulsado por el gobierno a través de su política de derechos humanos y de juzgamiento de los genocidas de la última dictadura, más de dos millones y medio de personas vieron en el país una película que gira alrededor de un crimen impune y que plantea cómo el asesino es reciclado por el aparato parapolicial del Estado en 1974, la Triple A. Tal vez los deseos de algunos no se condigan con la necesidad que tiene la sociedad argentina de reflexionar, incluso desde la ficción, acerca de los hechos del pasado que siguen repercutiendo en el presente.
En ese sentido opinaron los protagonistas del film luego de que la actriz Anne Hathaway anunciara, en una ceremonia transmitida en vivo, la candidatura. “En el guión de El secreto... se reaviva la memoria veinticinco años después de que ocurriera un crimen –declaró Campanella–. Es un poco lo que estuvo ocurriendo durante estos últimos tiempos en el país. Evidentemente, durante veinticinco años no hablamos sobre los setenta y ahora todo está muy presente otra vez. Eso se refleja en la película”. “El film habla de un momento histórico tristísimo de nuestro país, en ese sentido es una película muy argentina”, dijo Villamil. “Retrata a una Argentina profunda con lo bueno y lo malo que eso significa –especuló Darín–. Nos permite viajar hacía atrás y revisar nuestros pasos para ver si podemos codificar algo que nos compete a todos. Es un ejercicio de la memoria”. Es la segunda vez que Darín protagoniza una película argentina nominada al Oscar. El hijo de la novia, también dirigida por Campanella, tuvo su oportunidad en 2002. “Los argentinos tenemos un problema con la memoria, es evidente –reflexionó el actor–. Pero cuando una historia nos ayuda a repensar las cosas, nos ubica cronológica y geográficamente en un punto en el que algunos tomaron decisiones y ayudaron. Nos impulsa a revisar cuáles fueron nuestras responsabilidades, nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras acciones. La recepción que tuvo, no sólo acá sino en Latinoamérica y España, se debe a que es necesario que nos ayuden a organizar nuestros pensamientos”.
El fenómeno de público se repite en España, donde el film recaudó cinco millones de euros. La cinta, nominada a nueve premios Goya, cosechó cuatro galardones en el Festival de La Habana (incluido el Premio Especial del Jurado) y recibió elogios inusuales de la crítica internacional. “Es un profundo y gratificante recuerdo a los días en los que el cine todavía se esforzaba por ser mágico”, publicó la revista especializada Variety. Incluso la presidenta Cristina Fernández elogió el film: “Es la mejor película argentina, junto a Esperando la carroza”. “Va a tener éxito en el mundo entero –pronóstico Aída Bortnik, guionista de La historia oficial– porque el ser humano es él mismo y su pasado. Estamos construidos de memoria, emociones, recuerdos, marcas que nos han dejado en la piel o en los huesos. Y eso se entiende en cualquier parte del mundo”. La historia oficial, dirigida por Luis Puenzo, también trataba acerca de las consecuencias de la dictadura al narrar la historia de una profesora, interpretada por Norma Aleandro, que se pregunta por el origen de su hija adoptiva, traída intempestivamente a su hogar por un marido ligado a los negocios sucios de los militares. Si El secreto de sus ojos repite los mismos pasos que La historia oficial, se daría el curioso resultado de que las dos películas argentinas ganadoras del Oscar habrían girado alrededor de la represión en los setenta. “Cuando ganamos el Oscar, se decía que era un premio político de manera peyorativa –recuerda Bortnik, que fue la primera profesora de guión de Campanella cuando tenía 20 años–. La nominación de El secreto... me parece interesante para la gente que piensa que los juicios contra los genocidas son humillantes para el Ejército, que no hay que mirar para atrás y que esto ya pasó, cuando no termina de pasar. Con la película de Campanella está ocurriendo lo mismo que con La historia oficial. Tiene un tremendo éxito de público acá y en el extranjero. Fue nominada por gente que no debe entender muy bien qué pasaba con la custodia de Isabelita y quiénes eran los que liberaban a un criminal para que les sirviera en sus faenas. No son especialistas en política argentina, pero ven películas de todo el mundo y saben entender estos conflictos, aunque no puedan explicarlos históricamente”.
“Los argentinos seguimos necesitando fijarnos en los setenta, necesitamos repensar esa época porque todavía falta que nos hagamos cargo de esos años”, aseguró el escritor Eduardo Sacheri, autor de la novela en que se basa el film y del guión junto a Campanella. “Tenemos que mirar el pasado más allá de los milicos, ya que está perfecto que se los juzgue y se los condene, pero no fueron marcianos que bajaron en un plato volador a gobernar una sociedad santa e inmaculada. Si los milicos pudieron cometer las atrocidades que cometieron fue porque hubo una ruptura de la convivencia y la norma que permitió que todos se caguen en la ley y que surgiera la Triple A”.
Esa necesidad de revisitar el pasado, con la ficción como disparadora, también se reflejó en el éxito de la telenovela Montecristo, que emitió Telefé en 2006. El ciclo cruzaba la clásica novela de Alejandro Dumas con la apropiación ilegal de bebés durante la dictadura militar. Como sucedió con el suceso televisivo, el film de Campanella no es una obra que “baje línea”, sino que se sirve de géneros populares, como el romántico y el policial, para lograr una producción de alta calidad artística y un mensaje contundente.
Al mismo tiempo, analiza los alcances y consecuencias de la impunidad y plantea la búsqueda de justicia en el personaje de Benjamín Espósito (interpretado por Darín), un empleado judicial conmovido por la violación y el asesinato de una joven mujer. También bucea en la posibilidad de venganza por parte de las víctimas ante las fallas de esa institución. Ricardo Morales (interpretado por Pablo Rago), el esposo de la víctima, toma algunas decisiones polémicas ante la liberación del asesino, que es reclutado por la Triple A. En el momento de su estreno, ciertas escenas del film provocaron la discusión acerca de si justificaba la justicia por mano propia. “La historia marca una enorme doble tragedia –opina Sacheri–. Además del horror y el crimen, la injusticia genera otra tragedia. Y la ruptura de la ley nos condena a reproducirla ad eternum”. A Bortnik, la elección que toma el personaje de Rago le recordó que “no hay un caso de justicia por mano propia en la Argentina con los represores o miembros de la Triple A, lo cual nos hace un país bastante respetable, a pesar de todo. Por otra parte, es una metáfora perfecta: de alguna manera, él también se condena. La venganza te encierra en tu propio crimen”.
“En otra época sociopolítica, La historia oficial fue una película muy especial para Abuelas porque recorrió el mundo y el mundo supo lo que pasó durante la dictadura –rememoró Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo–. Todavía hoy me siguen hablando de esa película. Esta es otra oportunidad para los argentinos de que en otro momento se puedan contar desde una pantalla acontecimientos que todavía agobian a nuestro pueblo. Aunque algunas voces malintencionadas inviten a olvidar y a mirar para adelante, como si el pasado no nos afectara, esta película se une a nuestros sentimientos y expresiones de que ese pasado no es pasado sino presente”.
Algunos de los promotores del olvido de la historia podrían mostrarse sorprendidos ante la contradicción con sus planteos que origina el éxito del film. “A mí no me sorprende –asegura Carlotto–. Yo reivindico al ciudadano argentino. Quizás los medios muestran una opinión minoritaria y no a la gran mayoría de un pueblo que peleó en paz para que la dictadura termine y llegue la verdadera democracia. Y que sigue peleando en paz para que tengamos justicia y libertad. Esa es la mayoría que fue a ver esta película y la aplaude consciente o no de que el tema está ligado completamente a nuestra historia actual”. En el mismo sentido se pronuncia Sacheri: “Es una historia muy bien contada por la maestría de Campanella. Hemos puesto mucha energía para contar lo que quisimos sin bajar línea. Si esta película logra que nos pensemos como conjunto y que miremos el pasado, estaremos más que satisfechos. Claro que si viene el Oscar, mucho mejor”.
El 7 de marzo se instalará otra vez la alfombra roja poblada de estrellas hollywoodenses en la ceremonia que premia a las mejores producciones de la industria cinematográfica mundial. Esa noche se sabrá si Campanella y su equipo regresarán al país con el Oscar entre sus manos. Sin embargo, más allá de que El secreto de sus ojos se alce finalmente con la estatuilla, la memoria ya ganó.
54