otra mirada

Copacabana, un documental con la impronta de Martín Rejtman

Espectáculos /  El director sorprende con su mirada sobre la comunidad boliviana
10.02.2010 | 07.44 Comentar   |   FacebookTwitter

Martín Rejtman, un cineasta que decidió mostrar la realidad de la comunidad boliviana, invisible para los porteños
No es Copacabana un filme nuevo, ya que tuvo su estreno en el Bafici 2007. Sin embargo, sí sorprende porque se trata del primer documental ideado por Martín Rejtman, un integrante del denominado -en los años ‘90- “nuevo cine argentino" y autor de trabajos como Rapado, Silvia Prieto y Los guantes mágicos (los dos últimos protagonizados por Vicentico, cantante de los Fabulosos Cadillacs).

El realizador que trabajó en los estudios Cinecità, de Italia, realizó este proyecto apartándose de los tópicos tradicionales que aborda el género documental. Rejtman trabaja tomando como punto de partida la Fiesta de Nuestra Señora de Copacabana, la de mayor convocatoria de la comunidad boliviana en la Argentina y que se realiza en el mes de octubre en el barrio Charrúa de Pompeya.
“Hay un tema central que es la información pero también uno decide qué información quiere pasar y cómo la quiere pasar; acá yo me basé en la observación y en una información entregada sobre todo a través de una forma visual y sensorial antes que en datos", explicó el director.

Lejos de una estructura de relato formal, el filme cuenta la celebración en sentido inverso: comienza por la fiesta, se adentra en los ensayos de los cuerpos de baile y su vida cotidiana y, finalmente, pasa por el viaje que los bolivianos emprenden desde la ciudad fronteriza de Villazón con destino a Buenos Aires.

“De algún modo la forma narrativa se fue imponiendo a medida que avanzaba la investigación sobre la fiesta y la comunidad boliviana, por un lado aparecían los elementos que me interesaban y junto con ellos iba surgiendo la manera del relato”, remarcó Rejtman que en la preproducción visitó durante seis meses los mercados, los barrios y los lugares de reunión de la comunidad boliviana en Buenos Aires y ahí encontró los ensayos de los cuerpos de bailarines aficionados, a los que convirtió en la materia central del largometraje. “En el momento en que encontré los ensayos de los grupos de baile entendí que había dado con el nudo del relato de la película”, agregó.

 ¿Pero por qué dedicar más tiempo a los ensayos que a la celebración misma? “Por un lado porque la fiesta es, fundamentalmente, baile pero también me pareció muy mecánico y muy restrictivo ver solamente a la gente bailando con las coreografías aceitadas, funcionando y con los trajes. Me parecía mucho más importante el ensayo porque te permite ver muchas más cosas: el error, el compromiso, cómo se viste y dónde vive la gente”.

Rejtman buscó evitar caer en estereotipos o en mostrar las condiciones de vida diaria de la comunidad boliviana. Sin desconocer esa realidad, prefirió contar lo que la gran mayoría desconoce de esas personas. “Es cierto que si uno piensa en la comunidad boliviana en Argentina lo más común es hablar de la discriminación, el maltrato, el racismo y la pobreza, pero yo quise aprovechar la oportunidad para mostrar otras cosas. Porque quizás de tanto insistir sobre lo mismo lo único que se logra es cristalizar una imagen y al final te convertís un poco en cómplice de esa mirada discriminatoria. Me pareció que estaba bueno mostrarlos en una actividad que disfrutaban y lo vital de su vida cotidiana, eso era más rico y más complejo porque es un error creer que en la pobreza sólo hay pobreza, en la vida de la gente hay montones de cosas”.
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