Internacional
Piñera asume entre escombros
Foto: SurMundo /
El electo presidente de Chile y el desafío de tomar la conducción de un país muy golpeado.
Por Emiliano Guido
eguido@miradasalsur.com
El almanaque político presidencial del magnate Sebastián Piñera está colmado de fechas de vencimiento y acreedores ungidos: más de dos millones de damnificados por el mayor cataclismo registrado en Chile desde 1960, una infraestructura vial y urbana hecha añicos que podría consumir treinta mil millones de dólares en gastos de reparación, un Ejército listo y apertrechado reclamando gobernar con estado de sitio para ahogar la rebelión social. Atrás quedó la posibilidad de disfrutar de la primavera política con la que todo primer mandatario es tributado en sus primeros días de gobierno, más lejos la factibilidad de catapultarse como la nueva esperanza blanca de la derecha continental y su deseo de renovar la fórmula de gobernar con las recetas de telemarketing que caracterizaron su campaña, el futuro de Piñera huele mal: a una administración plagada de grietas es factible que le muevan el piso, piensan y temen en su entorno más cercano. Por lo pronto, Piñera adelantó que lanzará un plan de reconstrucción de cuatro etapas al que bautizó Levantemos Chile y advirtió que pretende una ceremonia presidencial austera para el próximo jueves. “No es tiempo de festejos”, advirtió al matutino El Mercurio María Luisa Brahm, futura jefa de los asesores directos del presidente electo, más conocidos en la prensa trasandina como el Segundo Piso de La Moneda.
Igualmente, Piñera no ha sido el único dirigente político afectado por el iracundo sismo chileno. Esta semana, la jefa de Estado saliente Michelle Bachelet sufrió un pico de estrés mientras estaba siendo entrevistada por El Diario de Cooperativa en su versión web y rompió en llanto: “Tengan confianza en Chile”, balbuceó entre lágrimas en el colofón de su discurso. Enfundada en su clásico tallieur rojo, Bachelet se quebró después de mediar un duro cruce doméstico de factura entre los organismos estatales que, aparte de no prever con rigor los tsunamis que desbordaron su región sur, no pudieron siquiera precisar aún el número oficial de víctimas fatales. Además, como telón de fondo, la furia social en la calle sacudía los cimientos institucionales y reclamaba de forma desesperada más presencia del Estado. Fue demasiado para la presidente socialista que supo gozar de más de ochenta puntos de popularidad en la opinión pública de su país. Michelle también desea un escenario pacato para honrar su final de mandato: apenas un cocktail en el Palacio Presidencial con los más íntimos. “No es tiempo de festejos”, repiten los cuadros máximos de La Concertación.
Mientras tanto, Piñera intenta no darse por vencido de antemano y achaca la magnitud de la tragedia vivida a la impericia del gobierno saliente: “Nuestra futura administración no va a ser el gobierno del terremoto, va a ser el gobierno de la reconstrucción. Debemos levantar al país con estándares de calidad, más modernos, de mejor nivel y al mismo tiempo no ignorar las debilidades, descoordinaciones y carencias que esta tragedia ha puesto de manifiesto en el Estado con brutal elocuencia”, bramó ayer el dueño de Lan Chile y el Club Colo Colo al diario chileno La Nación. En ese sentido, Piñera anticipó cómo serán los pormenores de su plan Levantemos Chile. “La primera parte del programa consistirá en el auxilio de los heridos, la búsqueda de los desaparecidos y el restablecimiento del orden público. A continuación, la administración de centroderecha apostará por recuperar la normalidad productiva, para iniciar, en una tercera instancia, la reconstrucción de la infraestructura dañada”, apuntaron desde el diario La Tercera tras citar como fuente al futuro ministro de Interior chileno.
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