Jorge “el Tigre” Acosta, sentado en el banquillo de los acusados. Ayer volvió a hacer declaraciones para la polémica, no se arre Por Horacio Aranda Gamboa
Finalmente ayer, y por primera vez, Jorge Acosta, alias “El Tigre”, sacó las garras y frente al Tribunal Oral Federal Nº 5 que lo juzga por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA, reconoció que en ese centro clandestino de detenciones que funcionó en esa ex unidad naval hubo “personas detenidas”, rindió homenaje a las “víctimas fatales” de su “accionar militar”, sostuvo que “las violaciones a los derechos humanos son imposibles de evitar en una guerra” y se hizo “absolutamente responsable militarmente de toda orden que he impartido”.
El represor Acosta, una de las piezas fundamentales en el engranaje directo del accionar represivo por ser el jefe de inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2. que funcionó en esa ex unidad de la Armada, mencionó entre quienes estuvieron como prisioneros en ese lugar al actual subsecretario de Promoción de Derechos Humanos de la Nación, Martín Gras, y a Graciela Daleo, ambos por aquellas épocas militantes peronistas.
En su declaración indagatoria, que se extendió por cerca de una hora y media, el ex capitán de corbeta, de 68 años, admitió que “por supuesto que hubo daño injusto, como en toda guerra injusta” y agregó que “quiero rendir homenaje a todas las víctimas fatales que se produjeron en nuestro país” durante lo que consideró “una guerra civil”, para luego reconocer que “algunas de esas víctimas fueron causadas por mi accionar militar en la unidad de tareas 3.3.2.”, aunque afirmó que “jamás busqué la muerte”.
Acosta, quien está siendo juzgado junto a otros dieciocho represores, y en cuyo testimonio por momentos se llegó a perder, tornándolo desordenado e incoherente, reconoció que entre 1976 y 1978 se desempeñó como “jefe de inteligencia” de la unidad de tareas de la ESMA y detalló que las órdenes para luchar contra “la guerra civil revolucionaria terrorista en entorno trotskista” provenían de la “junta militar” y se plasmaron en el “Placintara (Plan de Capacidades Internas de la Armada)”.
“Yo soy un combatiente, no soy una víctima”, sostuvo el ex militar, y asumió, en un intento por desincriminar a sus camaradas con los que está siendo juzgados, que “soy absolutamente responsable de todas las órdenes militares que he impartido”, aunque no se hizo cargo de aquellos oficiales “que se llevaron cosas de las casas de los extremistas, que fueron sometidos al Código de Justicia Militar”.
También se quejó de que en la Armada “me retiraron” y protestó porque sus superiores en la fuerza le reprochaban que “el gran problema fue dejar gente viva porque la estábamos recuperando, según ellos, para el proyecto político del almirante Massera”.
Luego advirtió sobre los que para él son “terroristas que hoy están en el Gobierno”, entre los que mencionó al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y al procurador general de la Nación, Eduardo Righi, para luego alertar que “la guerra revolucionaria total que vivimos hasta 1983 hoy puede reactivarse en entorno gramsciano”.
A raíz de sus confusos enunciados y de su negativa a responder preguntas, la fiscalía pidió la palabra para señalar algunas contradicciones y reclamar aclaraciones, a lo que los integrantes del TOF5 no hicieron lugar por considerar que Acosta estaba haciendo referencia a dichos de fuentes de la organización Montoneros y no a declaraciones suyas anteriores.
Otro que también declaró, pero a través de las indagatorias prestadas en la década del ’80 ante las fuerzas armadas, fue el ex capitán de navío Raúl Scheller.
Las audiencias proseguirán hoy a partir de las 9.30 con la declaración indagatoria del ex capitán de fragata Antonio Pernías, otro ex integrante del área de inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2.